La meta y el camino de la paz

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Andalucía al Día, Mogherini

En el Consejo de Seguridad de la ONU ayer decían las verdades de las casas ajenas mientras, en Bruselas, Mogherini lloraba amargamente desde su cargo de Alta Representante de la Unión Europea en Asuntos Exteriores y Seguridad. Ahí algo que falla, pues somos uno, dicen, pero sin serlo, por eso en el Consejo de Seguridad, comité que parte el bacalao, la Unión Europea no existe. Militarizar el mundo no debe de ser ni meta ni camino, pero necesitamos una coordinación más férrea, para que no sea de hierro la mano que recorta en derechos y libertades para afianzar nuestra seguridad.

Vivimos en los “debe de haber un lugar” que no se buscan, hacia donde no se anda. Mas esperamos llegar un día, seguramente detrás de una bandera que tenga algún color representativo (Blanco esperanza, verde paz, negro vida, azul sangre…) y ese día diremos que hemos alcanzado la paz mientras alguien se cabrea.

Más allá de que un hijo de puta engañado haya hecho otra salvajada están nuestros pecados, como el paisaje que contempla el abuso de un cualquiera se alzan nuestros tratos por comercio y no por hermandad vendidos a la población como cualquier cosa. El daño ya está hecho, de nada sirve lamerse las heridas, pero después de buscar a los culpables deberemos reflexionar sobre las pocas veces que hemos intervenido bien en Oriente Medio.

En los álbumes de fotos del siglo pasado se esconden los mismos rostros cuya expresión ayer se iba de las caras de Bruselas. Y en las del anterior. En los reproductores de hoy se esconden las mismas canciones que ya estaban en las cintas de cassette de toda aquella época que vino antes de aquel 11 de septiembre que no es nuestra marca por la costumbre de tener un Dios clásico. En los móviles se enseñan videos basados en el cine tradicional, pero realizados sin visión de futuro. La humanidad ya ha estado aquí otras veces.

El mundo juega al quién es quién sin cambiarse la ropa -J’ai êté tant des pays que je se suis dejà perdu- y las medias astas me dan la impresión de que alguien ha puesto a secar las banderas mojadas que hay por encima de nosotros.