2018: por un año sin ensoñación.

Las esperanzas para que vaya todo mejor pasan, al menos en parte, por ver la realidad.

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Congreso de los Diputados. Europa Press.

El 2017 ha sido ha sido el año de la ensoñación, del quiero y no puedo. Las esperanzas para que vaya todo mejor pasan, al menos en parte, por ver la realidad.

 2018: por un año sin ensoñación.

Por la derecha

Foto Europa Press

Por más que todo aquel que no sea millonario o conformista en exceso se lo diga, el PP no se cree que aún no hemos salido de la crisis. Los últimos datos del Consejo de la Juventud son demoledores: Lo normal en la juventud es no emanciparse. Tampoco es tan raro estar al límite del umbral de la pobreza. Lo que sí es exótico es encontrar un contrato fijo. Lo demoledor es que, según el Estatuto de los trabajadores, el contrato temporal debería ser la excepción.

En lo que a Ciudadanos respecta, lo último que decía Albert Rivera es que los resultados en Cataluña demuestran que el bipartidismo ha acabado. Sólo llega casi tres años tarde. Hay quien se aventura a decir que, tarde o temprano, Ciudadanos sustituirá al Partido Popular. No obstante, una victoria que no te pone en una presidencia no te coloca como sustituto de nadie. Por otra parte, también me atora, en cierto modo, el abandono paulatino del ideal liberal-progresista, al menos en el discurso. Me da la sensación de que es una renuncia a convencer.

…y por la izquierda

Al otro lado del Planeta Tierra, Podemos observaba que 2017 fue el año de, entre otras cosas, la moción de censura. Su ensoñación consiste en pensar que encontrarán el Dorado intentando poner al PSOE entre la espada y la pared. Los análisis que acostumbra a hacer el grupo de Pablo Iglesias en el Congreso suelen ser acertados. Poco se le puede recriminar a los diagnósticos del Doctor Iglesias, el problema suele estar en las recetas, alejadas del contexto de una moneda única, de una sociología extraña… De un país que no se entiende a sí mismo y que, por más que se empeñe, el Secretario General de Podemos no es capaz de explicar.

Andalucía al Día, Sanchez-Iglesias

Finalmente, ahí está Sánchez. El PSOE tuvo una ensoñación larga, larguísima, de la que parece haber despertado. La victoria de Susana Díaz, en cuanto a ensoñaciones se refiere, hubiera sido cloroformo. No obstante, no deja de darme la impresión de que este nuevo Partido Socialista aún no se ha espabilado del todo. Por otra parte, vuelve a hacer una aparición estelar una figura mítica: Ibarra decía que habría que romper con el PSC. De puertas para dentro se habla de dinosaurios, pero todo el mundo debe de tener derecho a opinar. Siendo Ibarra, además, escucharle tiene cierto carácter de obligatoriedad, dado su buen hacer en el pasado (otra cosa es obedecer). Por ello pienso que quizás el problema del PSOE no son los dinosaurios, sino los paleontólogos: Aquellos que tratan de palabra sagrada las declaraciones de alguien que, según parece, lleva sin estar en la Tierra millones de años.

Y, cómo no, Cataluña

Si hubiera habido nobleza, podríamos haber hablado de boxeo. Lastimosamente, votar estaba por encima del Estado de Derecho, eso por un lado. Por otro, la forma de este Estado de Derecho no está entre los temas de conversación. Y, por supuesto, que haya quien esté incómodo resulta del todo irrelevante. La ensoñación a este respecto es una pesadilla larga. La almohada es incomoda, el colchón está hecho polvo. Por si fuera poco, hay dos monstruos debajo de la cama, uno da golpes con una urna, el otro con un manual de Derecho. Quizás la solución esté en un intercambio: Que Rajoy dimita y celebre elecciones generales y que el independentismo entienda que, paradójicamente, sin ley no hay libertad. Quizás entonces puedan hacer política, un viejo asunto del que hablaba Aristóteles, y resolver esta sempiterna controversia.

Rajoy y Puigdemont en su primera cita