23F – 28F

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Foto archivo Europa Press

Dos fechas tan cercanas en el almanaque y tan distintas en contenidos, intenciones y objetivos. Una, la primera es una fecha que nos avergüenza, una fecha que no debemos olvidar para que sirva de ejemplo a generaciones futuras de lo que NO se debe hacer nunca; de la falta de respeto a los personas y a sus derechos y del desprecio que supuso aquella intentona de atropello de algo tan fundamental para un ser humano: la libertad.

El 28F sin embargo es algo que no deberíamos haber olvidado cómo se ha hecho. El primer 28F supuso la expresión de las ansias de libertad, de sembrar futuro para nuestra tierra y de sentar las bases para una convivencia en democracia y en igualdad para todos los pueblos de nuestro país, de España.

A pesar de parecer que casi coinciden, hay bastante distancia en las fechas. El 23F, el de la intentona golpista cuyos autores intelectuales todavía están por aclarar, fue en el año 1981, un año después de la celebración del Referéndum para la Autonomía de Andalucía que nos otorgamos en las urnas el 28F del año 1980, como respuesta a las exigencias planteadas en las masivas manifestaciones de los andaluces del 4D del año 1977.

Tienen no obstante, una nota en común los dos acontecimientos que encabezan estas líneas: el hastío y el desengaño. Hastío porque es la expresión del rechazo que siente el pueblo andaluz ante el incumplimiento intencionado de la clase política, tanto ante sus peticiones como ante la aplicación de la normativa para castigar los comportamientos antidemocráticos de unos cuantos. Este segundo asunto, el de castigar a los golpistas, compartido con los demócratas del resto del país.

El pueblo andaluz se siente desengañado por lo conseguido hasta el momento, o mejor dicho, por lo no conseguido. El pueblo andaluz está desengañado, hastiado de promesas que nunca se cumplen, harto de que le prometan paraísos que nadie intenta hacer realidad, cansado de verse siempre a la cola de un país, España, al que ama y al que se siente íntimamente unido. Los andaluces estamos rayando la desesperación ante cifras alarmantes de paro, de desigualdades territoriales, económicas y sociales, de ser siempre la cola de ese furgón… Y lo peor del caso, muy dolidos con una clase política que, de forma continua, se sitúa de espaldas a los ciudadanos de nuestra tierra.

No estaría mal que en el próximo 28 F los andaluces comencemos a caminar hacia un futuro en el que los sueños se conviertan en realidades tangibles que nos hagan sonreír alegres y no con la amargura y la ironía de nuestra actual falsa alegría. Ahí está el reto para nuestra clase política y la confianza del pueblo andaluz.