5 excusas para rascarse la barriga

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Rascarse la barriga, actividad habitual en la comunidad íbera conquistada por los romanos, se ha convertido en una seña de identidad del ejemplar homínido mediterráneo. Es por ello que, ante las posibles interrupciones que puedan sufrir en sus rascamientos, le proponemos una serie de excusas para que no le molesten. El mundo está lleno de gente mala que querrá que usted trabaje, el primer paso es saber que usted tiene derecho a rascarse la barriga, el segundo es luchar contra este estigma social y el último, cuando no quede otra cosa que hacer, poner una buena excusa. Para eso estamos aquí.

Apoye el cuello sobre el respaldo de su sofá o sillón, repanchínguese, apilanque su mano sobre la barriga y mueva suavemente los dedos de forma que las uñas contacten con su panza. Este movimiento es básico.

Añada televisión, cerveza y, para redondearlo, unos frutillos secos. Recomendamos que la indumentaria sea un pijama mañanero o, en caso de no tener, un chándal con sus babuchas reglamentarias, no escatime en calcetines blancos con rayas de colores, no le importe aportar a su indumentaria la camiseta oficial de las fiestas de su pueblo. Llame, para su refinamiento, a todo el material de atrezo “material deportivo pasivo”, es decir, todo aquello que se usa para ver el fútbol correctamente.

Número uno: Como el que no quiere la cosa.

Surque los siete mares de las reprimendas caseras y siéntese con una excusa simple: “Te iba a decir algo, pero se me ha pasado, a ver si aquí se me ocurre”. En ese momento tome asiento y sitúe su mirada allá donde no haga contacto con ninguna otra, intente padecer de una preocupación supina, ponga cara de ser alguien trascendental.

Cuando la posible reprimenda sea olvidada, rásquese la barriga de modo tradicional. Si se ve con confianza, añada material deportivo pasivo, pero eso no está recomendado para principiantes.

Número dos: Descaradamente.

Deje que la reprimenda caiga sobre usted, pero no se inmute. Hay cosas más importantes en la vida, rascarse la barriga al menos media hora al día es una de ellas. Las reprimendas pasan, pero usted es impasible. Deje que le griten, que le humillen e incluso que le peguen, simplemente, no se mueva del sofá (el sofá es su santuario, la meca de las posaderas) y, cuando la reprimenda alcance su cénit, túmbese. El mundo es suyo. Si quieren mover a su reposada retaguardia, que traigan las grúas que hicieron el Escorial.

Número tres: Políticamente.

La reprimenda por rascarse la barriga va a caer, simplemente, acéptela educadamente, haga como que escucha, dé una solución que parezca coherente, por ejemplo: “Eso forma parte de una cosa que hice ayer y está solucionada. Déjeme decirle que estamos trabajando mucho en esta época para arreglar todo lo que dejaron sin hacer otras personas”. Deje satisfecho o satisfecha al ser que le abronca y vuélvase a tumbar.

Número cuatro: Mecánicamente.

Le vendrán a pedir explicaciones por algo que no hizo ayer, cuando se estaba rascando la barriga, usted diga que eso lo tiene que pedir a un vecino/a, amigo/a o a un/a compañero/a de trabajo, pero que ahora mismo no se encuentra en la ciudad, por lo que tendrá que esperar hasta -la fecha que usted diga-.

Es importante poner bien la fecha, tenga en cuenta que si lo pone para mañana, mañana volverán a interrumpir su rascamiento de barriga y que si lo deja para dentro de demasiado, sonará muy descarado. Desde aquí recomendamos una fecha indeterminada: “la semana que viene” suele ser la más eficaz, pues la semana que viene puede ser “el lunes que viene” o “este domingo no, el siguiente”. La indeterminación es la clave para que nadie pueda recriminarle nada.

Número cinco: De forma funcionaria.

Le irán a pedir que haga algo en alguno de los numerosos campos que usted maneja, en ese momento, haga ver a quién le venga a recriminar el hecho de que usted se esté rascando la barriga que lo que la persona interruptora requiere no es, ni de lejos, una de sus funciones, que se lo tenía que haber pedido a otra persona porque, además de no ser su función, usted está, precisamente en ese momento, en su única franja de descanso en todo el día.