7D: Redebatir el Debate

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Cámara Cívica Andalucia al Día
Artículo de Cámara Cívica para Andalucia al Día

El mayor evento de ayer 7 de diciembre se llamó “El Debate Decisivo”. Si fue decisivo o no, eso lo juzgará la Historia. Lo que sí fue es diferente, y es que el seguimiento fue masivo (9,2 millones de personas) y sirvió de experimento politológico: el equipo de Cámara Cívica estuvo comentando en Twitter en tiempo real la discusión entre los candidatos junto con otros expertos en oratoria y Ciencia Política. La invitación la hizo Andalucía Al Día y el canal fue el hashtag #7DAlDía. Os traemos a continuación nuestras impresiones y algunos de los tuits más interesantes.

La previa al debate se alargó durante dos horas -si excluimos las dos semanas de anuncio a bombo y platillo- en la que se hizo un seguimiento de los candidatos de las fuerzas políticas mejor situadas según los sondeos y analizando la actualidad política. El ambiente en las casas parecía festivo.

Media hora antes llegaron tres de los cuatro candidatos. Pedro Sánchez cumplió con el dicho de Groucho Marx: “vamos temprano para llegar con retraso elegante”. Entrar el último en escena le permitió un protagonismo especial en los planos que luego se fueron repitiendo. Lo más comentado pudo ser la disposición de los debatientes, sin atril ni más ayuda que una mesita para dejar apuntes.

A las 22:00 empieza el juego. Los periodistas Ana Pastor y Vicente Vallés explicaron que no estarían permitidos dispositivos electrónicos, participación del público o cronómetros visibles. Para eso contarían con la “Sala del Tiempo”, emulando el formato de periodismo deportivo. Igualmente se reveló la estructura del debate.

El debate comenzó un tanto frío, con los candidatos tanteando y analizando la situación. La corrección y el respeto fueron una tónica generalizada a lo largo del debate, en el que en determinados momentos algunos candidatos se dieron la razón los unos a los otros. A pesar de todo aquello no dejaba de ser un debate, por lo que tras diez o quince minutos de cortesía se empezó a hacer recurrente la frase “por alusiones”.

Los temas estaban previamente establecidos, como no podía ser de otra manera, con los presentadores preguntando -y repreguntando, cuando se intentaba dar una respuesta evasiva. En la primera parte se trató el tema del mercado laboral, desempleo, impuestos, donde comenzaron las guerras de números y estadística. Por su parte, Soraya Sáenz de Santamaría venía como representante del gobierno, defendiendo los cambios y reformas que se habían hecho junto con la reducción del desempleo. A esto sus rivales contraatacaron rápido, con cifras como la reducción de la población activa, y ofreciendo soluciones como el contrato único por parte de Albert Rivera -que fue criticado a su vez por otros, como Iglesias-. Albert tuvo iniciativa al empezar a hablar sobre impuestos y sus propuestas para restar progresividad al IRPF o proporcionar rebajas fiscales a autónomos. La progresividad y el trato a los autónomos fue clave en esta parte del debate, puesto que para una parte muy importante del electorado es el tema clave.

Llegados al punto de reformas institucionales y regeneración democrática, cada partido parece que habló un poco “de su libro”. Por ejemplo, Pedro Sánchez hizo mucho hincapié en la necesidad de listas e instituciones paritarias entre hombres y mujeres, usando incluso dicho argumento para atacar a Podemos. Pablo Iglesias volvió a sacar la cuestión de las puertas giratorias. Preguntado directamente, Albert Rivera volvió a repetir argumentario: “no voy a pactar con Pedro Sánchez ni Mariano Rajoy”. A ello añadió que debe gobernar la lista más votada, punto en el que coincide la candidata del PP. La cuestión es que otorgar el Gobierno a la candidatura más votada es propia de sistemas presidencialistas o parlamentarios donde el partido más votado recibe un “premio” de escaños para conseguir una amplia mayoría. En España no se da el caso, como bien recordaron los internautas.

Otro de los puntos de fricción entre las candidaturas fue lo referente al modelo de Estado. Aquí parece que cada uno habla un idioma diferente: mientras que Pedro Sánchez aboga por la reforma constitucional en un sentido federal, Albert Rivera ironizaba con que “tendríamos lo mismo pero llamando “Estados” a las comunidades autónomas”. La vicepresidenta Sáenz de Santamaría hacía hincapié en que según la ley y la Constitución la soberanía nacional no se puede trocear.

Por su parte, Albert Rivera puso especial énfasis en su condición de catalán. De esta forma “normaliza” la situación de Cataluña y refuerza el mensaje de que “no todos los catalanes son nacionalistas”. Finalmente, daba a entender que ser catalán le permitía entender -y en consecuencia, gestionar- de manera especial lo que ocurre en Cataluña, lo que en lógica se conoce como “falacia del alegato especial”, como bien recordaron nuestros compañeros de oratoria.

Pablo Iglesias mantiene la situación más ambigua de todos: sí al referéndum, no a la independencia de Cataluña (excepto si los catalanes quieren). Aunque comenzó bien usando frases sencillas, luego intentó reforzar sus argumentos de manera confusa, creando analogías con Escocia… o con el 4 de diciembre de 1977 en Andalucía.

Se dejaron para el final unas breves preguntas sobre relaciones internacionales, referidas a la crisis de refugiados y la intervención militar en Siria. Mientras que se obvió esa primera parte, la discusión giró en torno a la negativa de Podemos de participar en una intervención militar en el país, recordando los fracasos de las intervenciones en Irak, Afganistán, Libia o Yemen. Con la prudencia de estar a lo que dijera el Congreso de los Diputados que es quien tiene la potestad para ello los demás candidatos manifestaron su decisión de intervenir junto a una coalición internacional en el terreno. Éstos criticaron el aparente buenismo y candidez de Iglesias, el cual trató de rebatir diciendo que la guerra debe hacerse en el plano económico, no comerciando con los terroristas, mejor que con más bombas.

 

En el eje de corrupción se le dio en primer lugar la palabra a Sáenz de Santamaría, dado que su partido está acusado de graves casos de corrupción. En un tono solemne se defendió como pudo, pero los demás atacaron en el punto débil del PP (si bien con cierta mesura). Albert Rivera enseñó la portada de periódico de los Papeles de Bárcenas, asegurando que si Rajoy no fue al debate es porque hay serias sospechas de que ha estado cobrando dinero negro del partido. Igualmente, Pablo Iglesias mencionó la conversación entre Rajoy y Bárcenas: “Luis, sé fuerte”.

Las estrategias de los participantes

Pedro Sánchez

Desde el minuto uno se podía comprobar que pretende defender el caladero de votos del PSOE y presentarse como la única candidatura que puede desplazar al PP del Gobierno. La estrategia fue la de igualar a Ciudadanos y PP como “las dos derechas” y comparar a Podemos con Syriza, sea por la radicalidad de sus propuestas o por la moderación de sus políticas. Este último punto fue aprovechado por Pablo Iglesias, que se defendió diciendo que el PASOK -homólogo griego del PSOE- ha pasado de partido gobernante a fuerza marginal de la noche a la mañana.

Nuevamente, parece el candidato que menos ha aprovechado la situación, contando con una situación ventajosa de partida. Llevar varios trucos aprendidos de casa puede ser útil pero no suficiente.

 

 

Albert Rivera

El candidato de Ciudadanos vuelve a mostrar su experiencia en debate de competición, incorporando los issues en los que se siente más cómodo. Por ejemplo, atacó la falta de congruencia del PP en materia de impuestos, oponiendo un clásico argumento liberal.

Con todo, no es la vez que se le ha visto más brillante. Los nervios eran visibles y la falta de atril no ayuda a que pase desapercibido.

Soraya Sáenz de Santamaría

La vicepresidenta acudía precedida de toda la polémica por la gran ausencia de la jornada, la del actual presidente, Mariano Rajoy. Para justificar esta ausencia, que sus rivales no dudaron en recordar en varias ocasiones, reforzó la idea de su partido como un equipo, que trabaja solidariamente para ganar las próximas elecciones con seguridad y convicción.

Por su parte, a Sáenz de Santamaría se la vio segura, hablando despacio y cuidando sus gestos, si bien se la vio más acostumbrada a los debates parlamentarios que al formato televisivo y tuvo algún tono condescendiente que otro. Fue la que más habló de todo el debate, ya que tuvo que responder por alusiones constantemente, especialmente las relativas a los casos de corrupción.

Su estrategia se basó en defender la “experiencia” atesorada por su partido en el gobierno y por ella misma, y en marcar diferencias con Ciudadanos en determinadas ocasiones. A este respecto fue muy dura atacando algún posible tripartito, haciendo una defensa férrea a que gobierne la lista más votada. No en vano, todas las encuestas dan como lista más votada a la suya, el Partido Popular.

 

Pablo Iglesias

El Secretario General de Podemos puso sobre la mesa su experiencia como tertuliano y como profesor, al intentar desenmascarar los argumentos de los contrarios y clarificar los propios. Con todo, gran parte del debate versó sobre temas en los que lo tiene difícil -Cataluña, defensa- lo que le hizo tirar de argumentario. La idea de la “remontada” estuvo muy presente, al igual que conectar la trayectoria de su partido con las Ciudades del Cambio o el 15M, de forma que podría dar una “sorpresa” el 20D.

Merece la pena destacar su discurso final durante el Minuto Decisivo: estructurado en dos partes, pide a los españoles “no olvidar” lo malo de los últimos años para que no vuelvan a votar a los partidos tradicionales, a la vez que les llama a “sonreir” a los cambios positivos del país.  

La despedida y cierre del debate todavía nos siguió dando buenos momentos a quienes seguíamos por las redes. Los compañeros de #7DAlDía hicieron sus conclusiones…

  …y la noche nos dejó bastantes casos de trolleo tuitero.

 

En conclusión, un evento interesante. Se echó de menos a otros candidatos como Alberto Garzón y, por supuesto, al Presidente del Gobierno. Si fuera a ceder su sitio a otra persona su ausencia estaría justificada. Dado que se presenta a la reelección… tarjeta roja.

 

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