Agresión a una diputada

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Foto Europa Press

Cuando se producen comportamientos tan repugnantes, ofensivos a la moral y al respeto más elemental a una persona, no caben excusas. La conducta de Muñoz Molina (no merece el trato de señor) hacia la señora Rodríguez, es deleznable y debe ser perseguida por la justicia. En casos similares el agresor ha dado con sus huesos en la celda, al menos durante las 48 horas previstas por la ley, hasta tanto el juez decida qué hacer con semejante mostrenco. En casos similares no ha habido duda: el agresor ha sido encarcelado hasta que la justicia decida qué hacer con él.

Porque eso es lo que ha sido: una agresión en toda regla. No vamos a dar rodeos al comportamiento delictivo (presuntamente por aquello de que debe ser un juez el que califique el acto) del vocal, ya dimitido, de la Cámara de Comercio de Sevilla, Muñoz Molina. El comportamiento de este impresentable es digno no solo de repudio, sino de castigo ejemplarizante. No podemos olvidar la gravedad del hecho, el lugar donde se ataca a la mujer, quién es el agresor y contra quién se produce. El agresor es una persona que ocupa un puesto representativo en una asociación privada pero tutelada por las administraciones públicas, por lo que su comportamiento no sólo debiera ser sumamente respetuoso con todas las personas, como es obligación de cualquier ciudadano, sino en mayor medida ya que representa a un colectivo, el de los comerciantes, merecedor de respeto. Un respeto que él no ha tenido para con sus representados. Hay dos matices que agravan mucho más el comportamiento punible: la persona a la que se agrede y el lugar donde se lleva a cabo la embestida (por aquello de cabeza de ariete).

Si cualquier agresión de un hombre es grave, cuando se produce contra una mujer la graduación es mayor, mucho más cuando la agresión lleva implícito un ataque sexual. Si a ello añadimos que el ataque se produce en una sede de un organismo público… lo ha redondeado: persona pública que agrede sexualmente a una mujer representante de los ciudadanos y en la sede de la Cámara de Comercio. Si el juez es riguroso le impondrá la pena máxima contemplada por la legislación.

Surge la duda de si ese comportamiento no habrá sido habitual por parte de Muñoz Medina (nos seguimos negando a darle el tratamiento de señor), a pesar de que ahora por parte de algunos se insista en su galantería con las mujeres. Estas costumbres, habituales en déspotas y señoritos de los siglos XVI, XVII, XVII y XIX, siguen vigentes en una minoría por fortuna, que consideran que pueden usar a las personas a su antojo; individuos carentes de escrúpulos, de dignidad y de respeto hacia el ser humano.

No valen las excusas alegadas por el sujeto de que habían tomado muchas copas (al parecer es mentira), que era una broma, que no era consciente de lo que hacía… Su conducta es deleznable, repugnante y asquerosa, impropia de un ser humano con un mínimo de vergüenza. Parece que hay grabación registrada por las cámaras de seguridad de la agresión contra doña Teresa Rodríguez por parte de Muñoz Medina en forma de simulacro de beso en los labios.

No debe cerrarse en falso el atentado contra una mujer representante de los ciudadanos, sin tener en consideración el color político, con la dimisión del vocal de la Cámara de Comercio de Sevilla. La Justicia debe aplicar el castigo que proceda a tan nauseabundo sujeto por su asqueroso comportamiento.