Alfred García, cuando ganar o no ganar OT da lo exactamente mismo

¿Ir a Eurovisión para cantar una canción pálida e insípida? Como dijo Homer Simpson: "Que lo haga otro (u otra)".

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Alfred canta Londres a Manu Guix. Youtube.

Alfred lleva dos o tres nominaciones en OT. Hay concursantes que se van y concursantes que se quedan, en eso consiste el concurso. El catalán podría salir nominado esta semana e irse la siguiente.  Dadas las circunstancias, ¿a quién podría extrañarle? Y, sin embargo, daría exactamente lo mismo.

Alfred García, cuando ganar OT da lo exactamente mismo

Echemos cuentas, OT tiene dos premios: Uno es darse a conocer. ¿Conocemos a Alfred ya? Sí. Listo, entonces. El segundo es fáctico: Ir a Eurovisión. ¿Tiene Eurovisión algún valor artístico? No. Dadas las circunstancias, lo normal es que mandemos a Amaia a Eurovisión con una canción insulsa. Observen los precedentes: Rosa y “Europe’s living a celebration”, pues bueno. Luego mandamos a Beth con “Dime”, ella misma dice que aquella canción era lo que era. Aparte, Pastora Soler y “quédate conmigo”; Manel Navarro y su “do it for your lover”… Ojalá me equivoque, pero lo más probable es que la canción con la que Amaia vaya a Eurovisión sea espantosa (aunque Zahara se ha ofrecido a componerle la canción y ruego a quien esté al mando que haga caso). De no ganar Amaia, por cierto, sería de juzgado de guardia.

Sabiendo lo anterior, ¿Es conveniente para Alfred acudir al festival europeo? Allá ustedes. Para Alfred, la única ventaja artística que tiene seguir en la academia es que allí se tiene que aprender mucho. ¿Han visto las clases de técnica vocal? Aprende uno desde casa. Son buenísimas incluso si ustedes no son cantantes. Y es que lo que hace especial a Alfred, en el fondo, es que sabe que para ser artista hay que estudiar mucho. Y lo que es mejor, entiende que para innovar, hay que haber estudiado. La fantasía de que los grandes innovadores son bohemios de vida laxa es eso, una fantasía. Borges se mató a leer toda su vida. Mercury revolucionó el rock a base de recordar su formación clásica. Paco de Lucía, ya maduro, quiso aprender a hacer jazz y, un par de años después, hizo Friday Night in San Francisco junto a Di Meola y McLaughlin.

El resultado

El resultado es que, como dijo Mónica Naranjo el otro día, Alfred va a tener libertad para hacer lo que le de la gana. Pocas veces coincido con Pablo López (me cae bien, me parece más que respetable, pero…), que dijo algo muy sabio el pasado lunes: en el arte, pocas cosas hay más importantes que la libertad. Y, como en casi todo, en el arte la libertad te la da el saber. Cuando uno sabe, puede elegir el camino, sobreponerse a los obstáculos y seguir dedicándose uno a lo que le gusta. Así que Alfred llegará a la dirección de una multinacional y dirá: “He compuesto esto”. Y si la dirección dice que no, irá a otra corporación a decir lo mismo. Y cuando le rechacen (hay gente para todo), si es que le rechazan, podrá irse a vivir de la música tocando en salas, lo cual es perfectamente digno. Tanto o más que hacer un disco espantoso que, a la postre, el propio Alfred rechace.

Entre tanto, Alfred ya está componiendo unas canciones fantásticas. Y, como sabe tanto, no suena como otra persona. No es un perpetuo imitador (no citaremos a otros concursantes) de otros artistas (cuya música, para más inri, me parece vacua). Además, ha estudiado tanto que puede componer en inglés, catalán y español, es decir: Tres mercados distintos. El tipo es un gran artista cuyo obstáculo era que no le conocíamos. Bueno, pues ya le conocemos, ¿Ir a Eurovisión para cantar una canción pálida e insípida? Como dijo Homer Simpson: “¿Es que eso no puede hacerlo otro (u otra)?“.