Álvaro Ruiz y Sés: la onírica reunión de la humanidad

La diferencia es enriquecedora, a pesar de todo.

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Álvaro Ruiz

María Xosé Silvar (Sès) è unha rapaza de aldea. La infancia de Álvaro Ruiz son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura un limonero. Lo que me gusta de ambos es su mezcla de siglos y geografías. Cada uno tiene su idioma artístico: ella se comunica a través del gallego; él a través del flamenco. Y ambos utilizan su particular idioma no sólo para hablar de cosas parecidas sino para hacerlo de una forma similar. Esta mañana he pensado que si hay algo que el arte puede hacer es unir cosas que parecen muy diferentes y creo que este es un buen ejemplo.

Sés y Álvaro Ruiz, una coincidencia estética a través de la península

Me gustaría juntar un día a Sés y a Álvaro Ruiz para tomar café, con instrumentos de por medio. Tendría que ser en Madrid, ella vendría de Galicia y él de Sevilla, sería lo más sencillo. Me gusta mucho oír hablar de arte a los artistas porque les copio sus procesos de creación. Creo que esta singular convención la disfrutaría especialmente. Más que probablemente, ambos acabarían cantando canciones tradicionales que harían un hermoso oxímoron entre los tatuajes de ella y las estrafalarias camisas de él.

Una vez definí a Álvaro Ruiz como un músico modernista. En sus canciones observo el cuidado que pone en que todo suene delicadamente bien. A veces creo que no le importa el hecho de haber podido usar otra palabra que yo diría que es más precisa, sino lo bien que quede la pieza en el puzzle. El hecho de que tiene que sonar a lo que Álvaro se propone que suene. Con Sés me pasa parecido. Cuando se da a la tradición, crea un todo y ese todo tiene que servir al propósito de la creación. No puede haber un cabo suelto dentro de la estética de esa canción.

A esta circunstancia se debe sumar el hecho de que ambos se manejan genial en ese campo. Lo conocen mejor que bien y, a la hora de ponerle letra a la canción, les resulta más sencillo de lo que le resultaría a cualquiera con la materia menos estudiada. Lo difícil, quizás, no sea la traducción a un lenguaje tradicional, sino escribir tan bien en ese lenguaje. En el video de debajo, Sés afirma que le dio toda su inspiración a la letra, el resultado es sublime.

Idas y venidas del otro lado del charco

Otra cosa que me fascina de ambos es la traslación que hacen de su lenguaje artístico a músicas del otro lado del Atlántico. Los viajes de Álvaro suelen ser al caribe, ya sea por Latinoamérica o por Nueva Orleans. Sés, por su lado, se encuentra más en el blues. No obstante, dentro de esta característica en común, me gusta de ambos que siguen utilizando su propio lenguaje. En ambos casos, un lenguaje añejo –que no antiguo- adaptado a otras formas de hablarlo.

El hecho de que Álvaro se vaya por cantes caribeños es normal dentro de su escuela. No sólo Bebo y el Cigala, Chano Domínguez lo ha hecho en no pocas ocasiones. Álvaro hereda todo lo anterior hablando de la contemporaneidad. Sés utiliza el blues como una protesta llena de poder. En Co xenio destrozado despliega todo su ingenio para denunciar las medias tintas que, precisamente, nuestra contemporaneidad vive.

Sobre aquella frase de Santiago Vélez

Las fronteras son un atraso. Una demostración práctica de que no podemos estarnos quietos sin causar una desgracia. Ahí creo que estamos de acuerdo la mayoría de ustedes y yo. Caminar hacia un mundo sin fronteras, por ende, debería ser una obligación. A todo esto, el Museo del Prado nos obsequia con una exposición temporal sobre lo que se parecen Vermeer, Rembrandt y Velázquez, quienes no se conocieron –según todo parece indicar-.

Supongo que el hecho de que Rubens unificara el barroco tuvo mucho que ver. Desde la corte del Duque de Mantua, Rubens organizó todo un sistema de teatralización, pazos y diagonales que hoy (al menos yo) veneramos. Esto me lleva a pensar en una exquisita conversación con Santiago Vélez, pianista y estudioso colombiano. Según él observa, todas las músicas provienen de África como todo el barroco –observo yo- de la mezcla entre Roma y Venecia. Cuando Sés se va al blues, en realidad, se va a los esclavos africanos del sur de lo que hoy es Estados Unidos. Parecido a cuando Álvaro se va al Caribe.

¿Irán a los museos?

Las fronteras son atrasos y, quienes las mantienen, se empeñan en hablar de las diferencias con una negatividad infumable. Verán ustedes: en el sur bebemos gazpacho porque hace calor. En Galicia no hacía falta hasta hace relativamente poco -cuestiones climáticas-. Supongo que con los Países bajos sucederá una cuestión parecida, pero en holandés y con más frío, si cabe. Mientras tanto, habrá quien se empeñe en hablar de las diferencias irreconciliables entre el queso de allí y el queso payoyo, de tal forma que en holanda habrá un holandés empeñado en que el queso payoyo le está robando el trabajo. El resultado es bastante más sencillo: el muy idiota se perderá un queso estupendo.

Y Le Pen, esa mujer alta, fuerte, dura y profundamente demagoga, esa mujer ¿irá a los Museos? ¿Y Trump? ¿Y Johnson? Me resulta tan difícil imaginármelos dentro del Reina Sofía, en una visita guiada, mientras el guía explica los cuadros de Miró… Y me imagino sus caras de indignación, sus calificativos y calumnias, cuando el guía dijera que para que Picasso inventase el cubismo, primero tuvo que ir a una exposición de arte africano. Que el cambio de Siglo definitivo –en lo que a arte se refiere- se produjo cuando un inmigrante español en Francia fue a ver qué hacían en el continente de ébano. Y vuelvo a Santiago Vélez, colombiano, migrante, sabio, buen trabajador, mejor persona, que repite que toda la música puede rastrearse hasta África y, de alguna forma, llego a una solución pacífica a los conflictos de identidad de esta nación no reconocida que es la humanidad: Que alguien ponga música o enseñe un cuadro.