America great again: O sea, apache

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Clinton y Trump, candidatos a la Presidencia de los Estados Unidos de América. Europa Press

Estados Unidos se enfrenta a un martes histórico: Por primera vez una mujer; por primera vez alguien tan abiertamente detestable. La candidatura de Trump demuestra que la democracia no es perfecta y que parte de esa perfección depende de la ciudadanía, no olvidemos que el tipo salió votado por la militancia, que en Estados Unidos es algo volátil, del Partido Republicano estadounidense. Robert Dahl en “La democracia”, tótem de la democracia liberal, incide: Una de los fundamentos de la democracia es la educación del pueblo, “comprensión ilustrada”, dice el autor utilizando la vieja técnica de las Ciencias Sociales consistente en decir un palabro más raro para quedar de interesante.. Del otro lado, la candidatura de Clinton demuestra que para ser candidata a la Casa Blanca hay que tener un tremendo gancho con los tuyos o una barbaridad de amigos.

Veamos como algo positivo el hecho de que haya una mujer en la pelea, visibilizará y su ejemplo pondrá en su sitio a más de uno, albricias, pero habrá que estar a la altura de la Presidencia y es ahí donde tiemblan los cimientos. Lo malo del machismo es que una vez se rompe sigue exigiendo; a Clinton se la juzgará primero por ser (la providencia quiera) Presidenta, lo segundo por ser mujer. Lo malo de Clinton, en concreto, es que las hay mejores y con menos sospechas de corrupción encima. No me gustan sus planes de no cambiar nada, no me gustó su ejercicio del cargo con Obama, no me ha gustado su campaña basada en las luces y sombras. La luz por el feminismo (repito, albricias); la sombra porque su política social es un parche, no un proyecto.

Se me apetece visualizar esta campaña como un cómic de Alan Moore. El autor británico, autor de V de Vendetta, Watchmen o From Hell, siempre tiene un lado malo para cada quién, incluso el Doctor Manhattan de su Watchmen es tan frío y tan razonable que a veces parece que no tiene alma. Hillary Clinton se me aparece como una antiheroína célebre cuyo liderazgo es un mal menor, quizás incluso necesario. Bernie Sanders, el auténtico héroe de todo esto, no hubiera ganado las elecciones, dejen paso. Trump es, sin duda, el Doctor de From Hell: Un tipo al que la élite británica encarga un trabajo sádico y, llegado a cierto punto, sólo busca (locura mediante) el favor del Dios al que obedece (que en el caso de Trump bien podría ser su propio bolsillo). Nos libren los dioses de Trump en el poder: Si Clinton tiene luces y sombras, Donald Trump es el malo de una trilogía fantástica.

Pienso en el eslogan de Trump: Make America great again, “hacer América grande de nuevo”, se me ocurre la respuesta perfecta para la situación: Háganse de nuevo apaches, mohicanos o lo que quiera, y vivan en paz. Es incluso molesto que alguien piense que América pueda ser grande de nuevo gracias a este tipo, que nada tiene que ver con los que hicieron de aquel país un hervidero de grandeza. ¿Qué tiene que ver Donald Trump con los tipos que dijeron “we the people” (nosotros, el pueblo) en un declaración de derechos? ¡Esa gente y un puñado de franceses metieron al mundo en la contemporaneidad! ¿Qué tiene que ver Donald Trump con artistas como Hemingway, Fitzgerald, Salinger, Lee, Dylan, Hopper, Smith, Springsteen o los y las cineastas…? ¿Cabe, siquiera, mencionar a Luther King?

Esta tarde me pondré a preparar la formación sobre Naciones Unidas que haremos en Córdoba, con la Asociación Dilema y demás amigos y amigas, pensaré, como ahora pienso, en Woodrow Wilson y sus catorce puntos de 1918, que quisieron hacer del mundo un sitio de cooperación y solidaridad. Tanto es el daño que ha hecho Trump que ni siquiera eso nos valdría. Apaches, háganse apaches de nuevo. Me fastidia incluso lo de “America great again”, el uso del nombre del continente como si todo el continente fuese Estados Unidos, pero no me fastidia tanto como la idea de que haya un muro que separe una América (la rica) de la América explotada.

Ojalá que haya Dios y reparta suerte.