Amistad a lo largo mientras veo jugar a Iniesta

Iniesta salió a jugar en la segunda parte del Barcelona-Getafe. Viéndole jugar, pienso que Iniesta tiene una relación de amistad inanimada con el balón. A los que somos muy lectores, nos pasa algo parecido con los libros.

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Andrés Iniesta. Europa Press

Iniesta salió a jugar en la segunda parte del Barcelona-Getafe. Viéndole jugar, pienso que Iniesta tiene una relación de amistad inanimada con el balón. A los que somos muy lectores, nos pasa algo parecido con los libros. Nos evadimos, les queremos, les mimamos. Tal y como juega Iniesta uno pensaría que, aunque golpea al balón, parece que le está enseñando algo. “Tienes que ir hasta ahí”, por ejemplo. Y el balón sale riéndose de sus botas.

Amistad a lo largo mientras veo jugar a Iniesta

Entre tanto, mis amigos hablan por el grupo de Whatsapp. ¡Cuántas vueltas da todo!, ¡Qué poco importa la distancia! Veo el partido cerca de donde tengo mi biblioteca y distingo entre los libros de poesía uno de Gil de Biedma. Su obra completa, Las personas del verbo, es majestuosa. Me gusta de su poesía la determinación con la que marca su sencillez, esa inteligencia poética que nos conduce a lo largo de un poema calculado, casi matemático.

Andrés Iniesta juega al fútbol parecido. Controla la pelota y mira a todas partes mientras calcula un alud de posibilidades. Casi siempre elige bien, como Gil de Biedma, que verso tras verso diseña un enjambre de poesía. Ahí estaba el pase, ahí el regate; ahí está ese sustantivo que distingue la experiencia de un encuentro con el alma.

Se suceden, uno tras otro, los mensajes en el grupo de Whatsapp. Ayer, con Ana (un ser que me cayó de otro planeta), se sucedían las palabras y los alimentos mientras se olvidaba su mano sobre la mía.

“…Pero callad.
Quiero deciros algo.
Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque esté callado doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo todos trajimos
nuestras vidas aquí, para contarlas.
Largamente, los unos a los otros
en el rincón hablamos, ¡tantos meses!
que no sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno…”

No es verdad

Alguien cuyas emergencias vitales negaron la amistad dijo que ésta podría encontrarse en objetos hermosos. Andrés Iniesta y su balón, manejable, redondo, a disposición; como un Óliver Aton maduro. De igual forma, los que somos muy lectores y los personajes de libros, los versos de Gil de Biedma. Las frases hechas dirán que uno se ha sentido más comprendido por los libros que por personas. Habrá quien piense que se encuentra un gozo equivalente al humano en palabras que han escritos otros, sentirnos en paz por no ser los únicos vencidos, los únicos amados, los únicos felices o los únicos tristes o irascibles.

Gil de Biedma se acercó mucho y, dado su genio, describió con una precisión maravillosa qué es la amistad. Pero quien dijo que podría encontrar la amistad o el amor en la música, el balón, la bicicleta o la literatura fue un ser desafortunado. Mis amigos y amigas están por encima de los objetos que puedan reflejarles y yo soy un hombre agradecido por su bondad.