Amor, celos, odio y la venganza más cruenta en ‘Elektra’

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Andalucía al Día, Elektra

Vivimos en la sociedad del entretenimiento y la evasión y esto, a la larga, será un problema, porque estamos construyendo una comunidad que se sustenta en el vacío. Estamos acostumbrando a nuestros jóvenes a que todo debe ser divertido, inmediato y efímero: tweets y citas breves en Facebook, vídeos en Youtube… Puede que tengan en sus manos toda la cultura imaginable del planeta (novelas, poesía, teatro, ópera, debates, reflexiones…), pero no les interesa. Poco a poco nuestra sociedad se está convirtiendo en la sociedad de 1984 de Orwell, donde además de estar continuamente vigilados (y lo mejor es que ahora nos encanta que nos vigilen, que nuestro smartphone nos tenga siempre localizados, que nuestros followers sepan dónde comemos, qué comemos y con quién comemos), estamos creando la neolengua.

Explico (o más bien resumo) todo esto para resaltar la valentía del grupo Teatro del Norte, que no ha apostado por una comedia vacua y sin enjundia, sino por una tragedia griega a partir de los textos de grandes dramaturgos y literatos como Sófocles, Eurípides, Hugo Von Hofmannsthal, Jean Paul Sartre, Heiner Müller y Strauss. ¿Y por qué esta arriesgada apuesta? Sencillo de responder: porque habla de problemas reales del ser humano desde una óptica profunda y dolorosa. En programas inanes de televisión y series cómicas podemos ver continuamente rencillas paterno-filiales. Pero lo que propone Elektra es bajar a los infiernos de las relaciones familiares y plantear la muerte de su madre y su padrastro como única vía de expiación de la culpa y el pecado. ¿Y cómo se hace esto encogiendo el corazón de los espectadores? Con una dramaturgia muy cuidada a manos de Etelvino Vázquez, que también se ocupa de dirigir magistralmente los movimientos de los actores y su interpretación; con una puesta en escena efectiva, que permite al público adentrarse en la escena, imaginar palacios y torres y calabozos sin llegar a variar nada de la escenografía; con un vestuario sencillo y de peso que contribuye al efecto de ilusión; y sobre todo con unas interpretaciones sobrecogedoras que te mantienen atento durante toda la obra, que, por cierto, se hace cortísima, señal de lo que se disfruta.

Era harto difícil que un texto tan antiguo sonase tan moderno y que la trama se entendiese tan claramente. Este grupo asturiano ha demostrado con esta obra un gran amor y respeto por lo que hace, además de un talento meridiano. Hoy en día es una quijotada aventurarse en teatro con problemas de tan hondo calado: los celos, el odio sin descanso ni posibilidad de salvación, el amor materno que se rechaza, la venganza más cruenta… Habría sido imposible sin las solventes y estremecedoras interpretaciones (gran trabajo de cuerpo y voz) de Cristina Lorenzo, David González y el propio Etelvino Vázquez, que nos presentan una Elektra que “era un cuerpo negro errante entre los vivos”. Déjense arrastrar con Teatro del Norte hacia las oscuridades del alma humana, que es otra forma de encontrar entretenimiento y evasión.