Amor político

¡Preséntate a mis primarias! ¡Presídeme la gestora! ¡Yo te pongo mis avales, soñemos con la Moncloa!

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La viva imagen del amor en la política, se explica por sí sola. Europa Press

¿Cómo era lo de picarse y los ajos?
¿y lo de la sombra que cobija?

Yo por vos abandonaría el marxismo en mayo del sesenta y ocho después de leerme El Capital y volveríamelo a leer por ver si no hubiera hecho bien dejando a Carlos Marx. Si vos me lo pedís, privatizo ENDESA y Telefónica y mi bloque… O me dejo bigote, me pongo tirantes y salgo a la calle de procesión de Todos los Santos el Día del Trabajador. ¡O incluso mejor! Si vos me lo pedís, el primero de mayo reclamo el día del empresario, que levantan el país sin recibir nada a cambio.

¡O qué sé yo! Por vos diría que el socialismo es la gente y no una ideología y que el liberalismo hace libre a todo aquel que antes no lo era. Yo por vos me plantaría en las narices de Sartre y le diría: “mira aquí y sólo aquí”. Y más que mano invisible por pamplinas del mercado, que no se me note un gramo por ver qué haces cuando no estoy a tu lado (por más que Beauvoir se me cabree por el comentario aquí dejado, y no por lo de Sartre y su mirar, sino por lo de mirar yo dónde dejas mi recuerdo satinado).

Yo por vos, qué sé yo, ¡qué sabe nadie en este mitin de enjambre! ¡Si parezco de Ciudadanos con tanto cambio de lado por ganarme tu atención! ¡Que no sé ni qué decirte! ¡Preséntate a mis primarias! ¡Presídeme la gestora! ¡Yo te pongo mis avales, soñemos con la Moncloa!

Montemos nuestro Congreso sin líder ni Comité, ni ejecutivas, ni dimisiones, sin contras, ni abstenciones, ni militancia por delante, ni mano negra por detrás, seamos tú y yo, amor mío, Felipe y Guerra en Ferraz cuando la pana significaba que gobernaba la popular.

Vos sos para mi, en resumidas cuentas, la máxima autoridad que existe en el PSOE, aunque haya mucha gente a la que no le guste.