Ana Guerra, las productoras y los cuentos de Highsmith

Cada cual es un producto distinto y a Ana Guerra le ha tocado el de ser un cliché canario.

142
Ana Guerra. RTVE

En esta paranoia colectiva que ha sido Operación Triunfo, Ana Guerra ha demostrado ser una gran artista. Esperaba (¿Quién no?) un retorno hortera a ese principio de los dos mil. Una vuelta a los tiempos en los que la gran mayoría de los españoles no se acordaba de lo que era ganar una Eurocopa. Villa, por aquel entonces, puso de moda una cresta ladeada. Guillermo Martín, un guaperas sólido, cantaba Kiss, de Prince, y yo presumía en el instituto de conocer la conocer la canción de antes. Al día siguiente todas las chicas vinieron sobresaltadas a clase. Jesús Vázquez lo presentó tan almibaradamente como sigue siendo habitual y Martín parecía algo desbocado.

Ana Guerra y las productoras

Prácticamente finiquitada esta edición, Ana Guerra agradecía las dos canciones que le habían tocado para intentar representar a España en Eurovisión. Según parece, se ha quejado. ¿Havana qué es? Decía Noemí Galera comparando ambas canciones con la que Ana Guerra había escogido para quedarse en un duelo contra Agoney. Havana es un tumbao, respondió la canaria. Aitana, su compañera, se excusaba: “yo bailo muchísimo reggeatón”. Son formas de decir algo que no hace falta que yo reproduzca y que, en el fondo, sospecho que Galera y (sobre todo) Guix saben: Las canciones que han repartido son lo que son.

Las productoras no son almas cándidas. Al principio de Operación Triunfo arriesgaban más. No se sabe cómo, Alfred cantaba Bajo el mismo Sol con Aitana. Aquello no tuvo el menor sentido, Afred estuvo atropellado durante toda la canción. Según avanzaba el concurso, las canciones eran más caramelitos que “retos” (“reto” es el eufemismo para decir que Cepeda y Juan Antonio cantando Reggeatón lento es algo que no tenía que haber pasado). Nadie es inocente, la productora necesita que la nueva horneada de triunfitos cantase bien para tener más audiencia y, por ende, ganar más dinero.

Supongo que algo tuvieron que empezar a pensar cuando en Youtube los vídeos de Amaia cantando canciones de Él mató a un policía motorizado, por ejemplo, se disparaban. Entonces empezaron a dar canciones serias. Agoney y su espectacular Eloise, Ana Guerra y su portentoso Cabaret. Alfred y Míriam cantando por Cómplices. Supongo que allí, en los despachos, la noticia también sentó bien: La buena música da más audiencia que la mala. Llevábamos años esperando algo así. El único oasis eran Malú, Rosario y compañía divagando sobre colores en la voz, y el agua estaba sucia.

Entonces, ¿esto a qué viene?

Dado lo anterior, me sorprende que la misma productora que ponía a cantar a Amaia Across the universe haya escogido estas canciones. Reconozco las buenas intenciones al componer, especialmente de Rozalén y Alba Reig, pero creo que salta a la vista que esto no es lo mejor que pueden dar. Al cantar tiene muchos años, es una canción de Platero y tú. Arde sufre el prejuicio de que la ha escrito una componente de Sweet California. Me suena a versos sueltos que han caído ahí casi por casualidad, en cualquier caso, suena bien. Si la hubiera escrito Leiva u otro/a músico alfa, estaríamos dando palmas.

Lo que es verdaderamente llamativo es que Ana Guerra, no sé si por Canaria o por versátil, tenga que jugar este papelón. ¿Alguna de las dos canciones le gusta a alguien? ¿No triunfó cantando canciones como La bikina, Lágrimas negras o Cabaret? ¿A qué vienes esto? Y lo que resulta más intrigante, ¿en serio pretendían que no dijera ni mú? Han encasillado a Alfred como el raro, a Aitana como la princesa del pop, a Míriam como una Vanesa Martín… Cada cual es un producto distinto y a Ana Guerra le ha tocado el de ser un cliché canario. Si hubiera sido andaluza, Andy y Lucas le hubieran hecho un flamenco fusión, el eufemismo que usó la industria en su día para aporrear al flamenco y convertirlo en algo consumible. ¿Aprovechar sus años de estudio? Chico, ni que fuera de Despeñaperros hacia arriba.

“Lo malo” y los cuentos de Highsmith

Se ha editado un libro con todos los relatos de Patricia Highsmith. Entre ellos, los recogidos en Pequeños cuentos misóginos. Creo que “misóginos” debería ir entre comillas. En esa colección, entiendo que Highsmith hace una crítica al feminismo liberal y muestra una convicción feminista radical. La autora es feroz y arremete contra las mujeres que conforman un eslabón más del patriarcado. Si bien su metodología es criticable por lo salvaje de sus conclusiones, al menos yo, lo entiendo como una crítica a la comodidad.

Al otro lado, Lo malo. Trap. Según Galera, “lo que lo va a petar este verano en las terrazas”. Dios nos coja confesados. Se alaba el mensaje empoderador de un “yo” que decide el dónde, el cómo y el porqué. Bien está, lo que sucede es que la canción carece de belleza artística. Ella es su propia dueña, genial, pero el resto de la canción es una gota de agua más en una lista de grandes éxitos de spotify: Todas las canciones son iguales “salvo en alguna cosa”, como dijo el Presidente, .

Una obra artística no es buena sólo por ser reivindicativa. El mérito de la canción protesta reside en protestar con belleza. No estamos en una manifestación. Allí se gritarían cosas pegadizas y de memoria fácil para que calen en cuanta más gente mejor. Dicho esto, está claro que los que apostamos por cierta conjugación y cierta profundidad vamos perdiendo. “Lo malo” tiene sus opciones, en cambio, los cuentos “misóginos” de Patricia Highsmith parecen estar descatalogados. Llevo varias semanas tratando de buscar un ejemplar y no lo encuentro. Claro, está incluido en ese “Relatos completos”, pero es un mamotreto inabarcable. Sería incómodo incluso subrayar en él las frases que me gustaran. Todo lo contrario a encender la televisión o no pensar en qué se escucha, qué duda cabe.