Anaïs Nin y Henry Miller: La entrega a un mundo pasional

Amor e inteligencia, o cómo la literatura nos crea, nos destruye y nos reconstruye a nosotros mismos.

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Foto Tiffany Matthews en Tumblr

Un almuerzo casual en la periferia de París unió a Anaïs Nin y Henry Miller, dos almas que ansiaban hacerse a sí mismas a través de la escritura. Desde ese primer encuentro en 1931, y a pesar de las distancias físicas, no volvieron a separarse jamás, sus palabras los mantenían unidos.

Ella sólo tenía veintiocho años y Henry ya se acercaba a los cuarenta, ambos tenían algo en común: estaban profundamente enamorados de las palabras. Miller, fascinó a Anaïs con un mundo bohemio lleno de decadencia y libertinaje que desconocía. Hablaban durante horas en las mesas de los cafés parisinos, en su casa y por carta; sus temas: literatura, filosofía y psicología. De ahí comenzó a surgir una amistad apasionada y un idilio literario. Se sedujeron a través de sus mentes apasionantes. Para él supuso la investigación obsesiva de hallarse en su pasado a través de sus palabras, para ella supuso la incesante búsqueda de un presente emocional evasivo. Anaïs escribía en sus famosos diarios: “La misma cosa que hace a Henry indestructible me hace indestructible a mí: en el fondo de nosotros hay un escritor, no un ser humano”.

Para Anaïs la escritura había sido un salvoconducto a lo largo de su vida, el único camino por el que recomponerse emocionalmente tras el abandono de su padre, y así lo plasmó en sus diarios, el único estabilizador que la mantuvo: “El diario es producto de la enfermedad, tal vez una acentuación y exageración de la misma. Cuando escribo siento alivio quizás, pero existe también un agravamiento del dolor, un tatuaje de mí misma, una prolongación del dolor”.

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Portada de “Anais Nin y Henry Miller: una pasión literaria”. Editorial Siruela.

Durante muchos años, sus únicos confidentes fueron sus diarios, hasta que en 1923 se casa con el escocés Hugh Guiler, dejando a un lado sus diarios para avanzar en su carrera literaria escribiendo novelas y cuentos, y logrando la independencia económica de su marido, el cual la apoyó desde el primer instante, y estuvo a su lado a pesar de sus aventuras intelectuales y físicas con multitud de escritores célebres. Pero lo cierto es que únicamente en sus diarios se reconocía la voz de la escritora, ella misma decía de sus novelas: “Me aterra mi obra consciente”, “cualquier cosa que hago sin sentimiento carece de valor”.Ella amaba el sentimiento, amaba sentir al ser humano independientemente de su sexo.

Un año después que Anaïs y Hugh Guiler contrajeran matrimonio, en 1924 se casó Henry Miller con June Mansfield, con la que tuvo una hija. En 1931 Henry fue a buscar oportunidades a París, y allí estaba Anaïs, su oportunidad. Ambos casados, comenzaron un idilio; pero la historia no acaba aquí: Cuando June -la mujer de Henry Miller- lo visita en París coincide con Anaïs. La mujer se queda extrañamente fascinada por la joven escritora, y ella se encapricha inexplicablemente de la mujer del escritor. Para Anaïs, como para Henry, June se había convertido en una experiencia vital. El triángulo amoroso fue uno de los más polémicos del S.XX.

El romance de ambas mujeres siguió hasta 1933, cuando June descubre que Henry, su marido, es su rival. Anaïs y Miller, no se preocuparon de lo que pasaba a su alrededor, ellos siguieron juntos a pesar de todo. Una relación a veces ridícula, otras conmovedora e inspiradora y otras destructiva, pero nunca tan real como siempre quiso Miller, el que le pedía a Anaïs una y otra vez que viviera con él y dejara a su marido, a lo que Anaïs Nin siempre se negó.

Ella fue la mecenas de Miller, él su gran seguidor; juntos crearon relatos eróticos y se inspiraron para crear sus obras. Amor e inteligencia, o cómo la literatura nos crea, nos destruye y nos reconstruye a nosotros mismos. Eso, exactamente, eran Henry Miller y Anaïs Nin.

Tras el alejamiento entre ambos, el silencio de su romance quedó sellado tras sus cartas y comenzaron una amistad como escritores, olvidando su pasado conjunto.

Hoy sus cartas están recopiladas gracias a la editorial Siruela en su libro ‘Anaïs Nin y Henry Miller, una pasión literaria’ en la que se recoge su correspondencia desde 1932 a 1953.

“Henry siempre está presente en mí, incluso cuando contemplo sensatamente el final de nuestro amor. Considero que nuestra amistad, el vínculo de casi toda la vida, perdura todavía”.