Las redes sociales

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Tal vez con el debate de la nueva Ley de Educación, la llamada Ley Celáa, hayamos tomado conciencia de la importancia de las redes, la importancia mediática se entiende. Estamos cada vez más, ante un fenómeno al que hasta ahora la mayoría de la “clase” política ha estado ninguneando. El debate de la nueva ley de educación y sus posteriores coletazos, de los que quedan con toda seguridad bastantes episodios, ha puesto a las redes sociales en el lugar que los usuarios, o sea, todos nosotros, les estamos dando: cada vez más nos comunicamos, nos informamos, opinamos y protestamos por las redes sociales. Y esto, sólo ha empezado…

El debate político se ha hecho patente en las pantallas de nuestros ordenadores y de nuestros teléfonos móviles. Rara es la ocasión en que abrimos una de esas pantallas y no encontramos diez, treinta o cien opiniones que se oponen unas a otras. Y es que hay muchos intereses en juego. ¡Y no sólo en el campo de la educación! La educación posiblemente sea la punta de lanza que traerá futuros enfrentamientos. Ya se barruntan nuevas batallas en el campo de la salud. Con las privatizaciones de la sanidad, se está abonando el terreno para otro debate en el que, al igual que en la enseñanza, hay muchos miles de millones de euros en juego. No es otra la cuestión: todo se reduce a intereses económicos, que nadie se llame a engaños. No se trata de defensa de libertades, ni de respeto a los principios constitucionales, ni de ética política (?), ni de respeto a la dignidad de las personas… todo, sencillamente se reduce a la defensa de la cuenta corriente de un sector de la población que defiende lo privado pero que exige su financiación con dineros públicos.

Porque la enseñanza privada se nutre de los impuestos que pagamos TODOS los ciudadanos. Y por el grifo que se abre para llenar las albercas de la enseñanza privada, lo que circula es dinero público que pone esas albercas a rebosar para que el líquido, o sea los euros que caen, engrosen las cuentas corrientes de unos cuantos. El planteamiento de la enseñanza privada es muy simple: recibir buenas compensaciones por “acoger” alumnos, pagar sueldos mínimos, en muchísimas ocasiones miserables, al profesorado y personal auxiliar y tener a todos los trabajadores del sector de la enseñanza privada bajo la espada de Democles con las amenazas de despidos, inestabilidad laboral, presiones y condicionantes para desarrollar libremente su trabajo. El objetivo de los empresarios de la enseñanza privada, de la inmensa mayoría salvaremos algunos, es llenar “sus” arcas, sus propias arcas y conseguir una cuenta corrientes lo más inflada posible.

Es por ello, por lo que los adversarios de la nueva ley de educación se afanan, con enorme ahínco, en “justificar” las maldades de la Ley Celáa. Si para ello hay que recurrir a mentiras, medias verdades, no mencionar las nuevas medidas en toda su extensión sino tan sólo en la primera parte (la que podría perjudicar a los especuladores de la enseñanza) y, en definitiva, ocultar los motivos reales por lo que se oponen a la ley recién aprobada. Pero lo curioso del caso es que, o bien ellos directamente o por sus intermediarios, estos defensores de la enseñanza privada han hecho su aparición, cual setas otoñales, en las redes sociales. Y lo han hecho con tanta insistencia que a los usuarios de las redes sociales se nos han puesto las orejas tiesas: ¡zape, que aquí hay gato encerrado!, hemos pensado muchos de los que nos movemos por la nube informática.

Poco a poco, aunque les pese a muchos, nos hemos ido informando sobre el  fondo del debate y sus condicionantes, sobre las posiciones de cada “bando” y sobre quienes están detrás de los defensores de la ley y de los opositores a la ley. Hemos ido comprobando las opiniones interesadas, en las que importa un comino la cuestión de las libertades, y, pese a quien pese, los usuarios de las redes hemos llegado a nuestras propias conclusiones. Porque a pesar de toda la parafernalia y la estrategia mediática, el lector tiene capacidad para discernir y filtrar las noticias falsas de las verdaderas.

Que no se confunda nadie: la información nos hace libres, informados, independientes y con criterios propios. Aparte de dejarnos claro quienes defienden a los ciudadanos y quienes sus privilegios.