AUDITORIUM (Crónica a contraestilo de un homenaje)

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Jesus de la Rosa Luque

De vez en cuando la vida da alguna que otra sorpresa. En este caso, la satisfacción no pudo disfrutarla, por razones obvias, el homenajeado: Jesús de la Rosa.

En el pueblo sevillano de Tocina, del que tengo el honor de ser vecino, el Ayuntamiento ha pensado que el mejor nombre que se podía poner al recién construído auditorio es el del mítico componente del Grupo Triana (me gusta más auditorium, por aquello del sabor añejo, profundo y rico de nuestra lengua). Es el homenaje, singularizado en Jesús de la Rosa, a tres hombres de nuestra tierra que abrieron caminos y desbrozaron trochas para dejar limpio y expedito el sendero a los artistas que vinieron a continuación.

Tan solo una pega que poner a este acto de reconocimiento al grupo Triana, en la persona del tristemente desaparecido Jesús de la Rosa, el homenaje tenía un truco: los que estábamos allí éramos, y seguimos siendo, incondicionales de los músicos trianeros, con lo que fue una buena dosis de auto complacencia la que nos dimos en el acto inaugural y durante el posterior concierto.

Lo cierto es que ya va siendo hora de que los andaluces, reconozcamos el valor de las cosas que hace nuestra gente, de cómo hay ciudadanos de nuestra tierra que “ponen una pica en Flandes” dando a conocer nuestra cultura, nuestra forma de sentir y nuestra filosofía de la vida. En eso el grupo Triana, Jesús de la Rosa, Eduardo Rodríguez y Juan José Palacio, rompió moldes, prejuicios y etiquetas trasnochadas que nos catalogaban como tercermundistas, lejos del progreso y catetos incultos del mundo rural. Triana fue pionero en mostrar que en Andalucía se vive, se mira con fundamentos hacia horizontes de futuro y se concibe la vida con un enfoque más humano y más avanzado.

En lo estrictamente musical, el grupo sevillano marcó el terreno con una forma distinta, original y nueva de entender la música: el rock flamenco, como ha sido catalogada su forma de hacer música, ha sido comparado con la obra del grupo inglés Pink Floyd, intérpretes de lo que se denominó en su día rock sinfónico. Que se haya querido comparar a Triana con este grupo, icono del rock, dice mucho de la categoría y de la calidad de la música interpretada por los trianeros (entre nosotros, creo que pierden en la comparación los ingleses).

Las composiciones del grupo Triana, “Abre la puerta, Una noche de amor desesperada, Tu frialdad, En el lago, Sr. Troncoso, Hijos del agobio…” buscan la otra orilla de la música, reflejan una forma de entender que la vida tiene otra orilla, hacen pensar que el pensamiento se mueve por otras orillas… y es que los trianeros que formaban Triana, habían nacido en la otra orilla del Guadalquivir de una ciudad llena de magia. Su genética estaba condicionada por el lugar que los vio nacer, de ahí esa rebeldía al entender la música, esa otra forma de hacer vibrar a los que escuchábamos sus sonidos. Eran la demostración palpable de la rebeldía del arrabal de Triana frente a la urbe de Sevilla y los que tuvimos la suerte de vivir esa música, entendimos que era una manera de conectar nuestra tierra y nuestros sentimientos con el infinito, hacernos mucho más cosmopolitas, mucho más universales a base de identificarnos con nuestras propias raíces. Nuestros lagos de Cristal con brumas de algodón de azúcar donde las estrellas parpadean al sonido de una canción de Triana mientras el pájaro blanco echó a volar en busca de una estrella fugaz, nos proyectaban, surcando mares inmateriales, hasta mundos desconocidos donde, como para el Sr. Troncoso, no habían límites establecidos al tiempo:

“Ya sé que no te importa
tú tienes que seguir,
tú debes conseguir
que nada te ate aquí”

Por eso Triana sigue aquí, siendo escuchada y admirada por una tercera generación de ciudadanos del mundo rendidos a la música de estos andaluces de la orilla izquierda del Guadalquivir a la que llaman Triana.