Australopiteca sombra

El bus de hazte oír planea parada en Sevilla, se debe obstaculizar en la calle y prohibir en el Ayuntamiento.

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Bus de hazte oír. Europa Press

En cuanto a hechos científicos se refiere, como dirían ellos, reconozco que hay cosas que no sé cómo explicarlas. A diferencia de ellos (casi siempre son ellos), las cosas que acostumbramos la gente racional a decir tienen explicación de gente que, con cálculos que no entiendo o fórmulas que me son incomprensibles, demuestran que teníamos razón. En su australopiteca sombra, cabe sólo la ciencia que ellos digan y que, lastimosamente, no es ciencia.

Que la tierra era plana, por ejemplo.

Cuentan una anécdota del Doctor Flemming en la que unos colegas se rieron de él diciéndole que habían explorado muchos cuerpos y que en ninguno de ellos encontraron alma alguna. El Doctor Flemming respondió que cuando se muriese su madre exploraría el cuerpo de la misma buscando el amor que les profesaba.

La equivalencia, poéticamente está bien, lo que sucede es que el amor se produce por una mezcla química de nuestras hormonas. Es decir, el amor también es ciencia. Y si no fuese así o no lo he sabido explicar bien, el amor (sin poesía de por medio), son una serie de hechos: cuidar sanamente, amar en su propia acción…

Lo que desde luego no es un hecho científico es que Dios exista. Y, si bien toda creencia ha de ser respetada (nada se dirá en contra del catolicismo o de otras religiones), y Agustín de Hipona postuló al razonamiento como forma única de creer en Dios; el hecho es que nadie ha podido demostrar científicamente que Dios exista.

Por lo que, basándose en un hecho que no creo científico como es la creencia en Dios y el mandato divino (tampoco sé quiénes son esta gente como para creerse que Dios, de alguna forma, no tiene más quehaceres que hablarles precisamente a ellos), tratan de imponer como hecho científico que los niños tienen pene y las niñas vulva.

Su australopiteca forma… Su autralopiteco mundo.

No quisiera dejar pasar la oportunidad de sentirme afortunado de vivir en un país que, de forma tan mayoritaria, ha condenado a semejante panda de decimonónicos, relegándoles al oscurantismo.

Tampoco quisiera dejar pasar la oportunidad de congratularme por una comunidad católica española que, lejos de seguir a una furgoneta, ha pensado que, sencillamente, los caminos del señor son inescrutables y que, igual que no lo sé explicar yo, tampoco mucha gente, pero el caso es que hay niños con vulva y niñas con pene. Francamente, con lo de la furgoneta me empecé a sentir mal por el catolicismo que no va por ahí metiéndose la vida de nadie y vive su fe en comunidad, paz y armonía con el resto de la humanidad.

Planean ir a Sevilla, según se escucha por las redes sociales (¿será algo más que un rumor?), de ahí mi necesidad de escribir al respecto. Espero una acción política en la calle para obstaculizarles el paso, y otra en el Ayuntamiento para prohibírselo formalmente.