Bienqueando por la vida

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Considerando que ya han pasado las fiestas y que a mi los reyes no me traen ya ni carbón desde el día que descubrieron que lo utilizaba para forjar unos canutos de tres papeles de no te menées, toca sacar un tema guapo de esos leñeros.

¿Que coño es un bienquea? O apartando el argot barriero, un “bien-queda”. Pues se sabe que es el típico que te cruzas yendo a comprar el pan, se deshace en halagos y amabilidad mientras te pregunta lo reglamentario de que qué tal te va la vida y queda contigo para tomarse una cervecita el fin de semana. Y la cerveza te la acabas bebiendo tú solo porque no vuelves a verle el pelo hasta que te cruzas con él de nuevo por casualidad, y te suelta lo mismo y te lo vuelves a tragar. De un tiempo para atrás con esto de hacer conciertos me he acabado llevando las manos a la cabeza. No os imagináis cuanta gente me ha soltado lo típico de “¿cantas en un grupo? Que guay, a ver si voy a verte avisame del próximo” y luego ni se dignaron a, por lo menos, meterte la trama de turno con cualquier excusa para no ir. Simplemente obtienes silencio de radio durante todo el día en el que se supone que esa persona tenía que aparecer.

Me dan ganas de vomitar. Tengo una “amiga” que es de libro, experta en aparecer cuando necesita algo de ti. Te las cuela de todas las maneras porque tiene un pico que flipas, va a ir hasta a la boda que nunca pensaste hacer a tirar arroz que se convierte en fuegos artificiales (porque tiene un contacto solo para ti en Tailandia o Montequinto Sity) y cuando te das cuenta, te ha sacado medio paquete de tabaco y un par de canutos, copas o lo que sea que tengas en las manos en ese momento. Crees que estás con un buen colega y solo es una persona interesada.

Eso sí, hay otros casos. Uno de mis mejores amigos (y este si lo sigue siendo la verdad, aunque no lo vea mucho) siempre tuvo esa pequeña obsesión. Nunca llevó muy bien eso de saber que existiera alguien en el puto mundo que no lo tragara. A mi me importa una mierda, soy del club de parecerte genuino o un completo imbécil. Miles de discusiones sobre el tema hemos tenido a lo largo de los años: que si no se puede agradar a todo el mundo, que si nadie es perfecto, que si es normal que a alguien no le gustes solo por una mirada porque somos un huevo de gente y es pura probabilidad… Al final, siempre acababa metido en mil historias y acababa contentando a unos a costa de otros. Ha acabado hasta los cojones de querer parecerle simpático a todo el mundo y con los años ya pasa del tema. Ahora va siempre con la escopeta cargada.

Pero lo mejor del bienquedismo es que es una de esas conductas que hacemos todos en algún momento. No me jodais, todos hemos salido del paso en cierto momento de la misma manera cuando nos hemos cruzado con esa persona con la que tenemos que ser legal pero, la verdad, no nos apetece un mojón. Yo mismo reconozco que lo he hecho seguro, aunque no me acuerde de ejemplo concreto, me juego el brazo derecho (que vale más que el izquierdo porque tiene más tinta básicamente). Somos una panda de interesados de cuidado, y nos da una especie de mezcla entre miedo y vergüenza el decirle a una persona que pasamos de ella. Pero seguro que esa persona preferiría que se le dijera la verdad en vez de marearla, como nos gustaría a cualquiera. Como dice el refrán, es mejor una colorá que mil descoloridas. Y la sinceridad es como la sal en una herida, que quema al principio pero después cicatriza.

Estas son las típicas cosas que me meten en el cuerpo ganas de escuchar a los Smashing.