Big Little Lies, el verbo “to pretend” y el género [reseña]

Big Little Lies es una de las series del año. El trabajo de Kidman y Whiterspoon (quienes también producen) es sobresaliente. El show de HBO ha sido nominado a 16 Emmys.

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Fotograma de Big Little Lies. HBO

Una de las magias de las lenguas es la mutiplicidad que entre sí guardan sus propios significados. To pretend se traduciría por “fingir” al castellano, pero no es fingir, es otra cosa. No es igual que un hispanoparlante diga “fingir” a que un anglosajón diga “to pretend”. To pretend, no sé si por el carácter del mundo anglosajón, es peor. Es una de esas palabras con olor a escombro personal. Para hablar de Big Little Lies, antes era necesario hablar sobre este verbo.

Pensé en El Retrato de Dorian Gray, la mítica obra de Wilde, viendo esta serie de HBO. En Big Little Lies vemos a un grupo de mujeres que tapan sus grandísimos problemas vitales con problemas sólo aptos para carteras de alto standing, o sea, asuntos que, en comparación, son nimios. Es aquí donde surge mi reflexión sobre el verbo “to pretend”, que se hila con la magia del guión de David E. Kelley y el salvajismo con el que dirige Jean-Marc Valleé (Dallas Buyers Club). Todas ellas “fingen” un matrimonio, una relación parental, un status social… Y bajo ello esconden problemas de una inmensa magnitud.

Big Little Lies y sus dieciséis nominaciones


¿Se acuerdan de aquel bodrio de Una rubia muy legal (2001)? Hay veces que uno sabe que ha visto a tal o cual actriz antes y, efectivamente, así era. Antes de susodicho bodrio, Reese Whiterspoon trabajó en una de esas pequeñas grandes películas que deberían ser obligatorias en los institutos: Pleasantville (1998). Luego co-protagonizó Walk the line (que en España fue a llamarse En la cuerda floja), cinta por la que ganó el Oscar a Mejor Actriz en 2005. Bien, esta señora acaba de consagrarse, olvídense de todo lo malo que haya hecho, porque se van a equivocar. Su nominación a mejor actriz está más que merecida. Comparte nominación con una portentosa Nicole Kidman, a quien tampoco se puede pedir más en esta interpretación. Ambas hacen un trabajo de cirujana para esconder y mostrar justo lo que el personaje necesita que se muestre.

Entre ellas conducen la historia haciendo del verbo to pretend el modo de vida de sus personajes. Tanto en el caso del personaje interpretado por Kidman, como en el del interpretado por Whiterspoon, encontrar una grieta que les saque de su profundísimo malestar se convierte en el volante del guión y es lo que hace que la historia se desarrolle hasta su desenlace.

A sus flancos, Shailene Woodley como Jane Chapman y Laura Dern como Renata Klein no se quedan atrás. El imponente personaje de Dern sigue al de Kidman y al de Whiterspoon en esa búsqueda de la grieta que la saque de una vida insustancial, y lo hace muy bien. Completan el reparto celebridades que la cámara acepta de buen grado, como Zoe Kravitz y el muy notable Alexander Skarsgard (hermano del vikingo Floki), que también se ha merecido su nominación a mejor actor secundario.

Si bien lo artístico es realmente bueno, lo técnico está lejos de decepcionar. Empezando por el trabajo en la búsqueda del reparto, claro está. A su vez, la fotografía, vestuario, y el largo etcétera de sustancias que envuelven el trabajo artístico ponen la guinda a una de las series del año.

Big Little Lies y la visión de género

Tanto desde el plano artístico como desde el plano post-estructural, la serie aporta una poderosa visión de género. En la base de la historia (plano artístico), vemos a un grupo de mujeres oprimidas por su rol en la sociedad: Las que están situadas en el alto plano empresarial, parecen sentirse mal con ello; las que dejaron su carrera se arrepienten; las que intentan ser las mejores madres, en realidad, se desviven por ser aceptadas por las que han llegado a lo más alto en los negocios…

Si unimos cada una de las máscaras nos encontramos a ese grupo de mujeres compitiendo entre ellas. La producción hace una reflexión sobre la competición que se crea entre aliadas que, en vez de luchar contra una violencia palpable, se enzarzan en una lucha por asuntos que, en realidad, resultan insignificantes. De esa forma, la serie clama por una unión contra los problemas estructurales que se sitúan al rededor del género. Es decir, la serie clama por la sororidad.

En el plano post-estructural, es decir, el que rodea a lo puramente artístico, resulta conveniente puntualizar una cosa tras denunciar otra. La denuncia la lleva haciendo (entre otras) Meryl Streep desde hace mucho: Para las mujeres, después de los cuarenta, los buenos papeles ya no llegan tanto. La buena noticia es que Whiterspoon (que tiene 41 años) y Kidman (50) se han lanzado a producir, Big Little Lies es cosa suya. Les acompañan David E. Kelley, Bruna Papandrea, Per Saari, Jean-Marc Valleé y Nathan Ross.

Para dejar tranquilo a Javier Marías y su crítica sobre precisamente esto (el destacar más los hechos no artísticos que el arte en sí), cierro esta reseña escribiendo que no sólo han producido y protagonizado, además, lo han hecho con una calidad excepcional. Más que recomendable.