Bob Dylan y Álvaro Ruiz, dos conciertos muy distintos

El contraste entre dos artistas: A Bob Dylan me tenía que haber llevado una toalla (porque se la suda); de Álvaro Ruiz me llevé una camiseta.

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Bob Dylan tocó en Semana Santa en Madrid y pasó tres kilos. Europa press.

Citando a Sabina, la Semana Santa en Madrid ha pasado como pasan las cosas que no tienen mucho sentido. Quitando el hecho de que el Gran Poder de Madrid se la ha dado contra un semáforo, nada reseñable. Es decir, lo que se esperaba. Dado esto, Madrid recibía dos conciertos -como poco-: Uno de Bob Dylan (con boato, pompa, etcétera); otro de Álvaro Ruiz, con cubatas, cachondeo…

Un lunes santo, Bob Dylan en Madrid

Fui al concierto de Bob Dylan y, en vez de haberme llevado una camiseta, debería haberme llevado una toalla, pues a Bob Dylan se la suda. ¿Se la suda? Se la suda muchísimo. Llegó, tocó y se fue. Jugaba con el público a que éste adivinara qué canciones estaba cantando. No se crean que a Bob Dylan se le entiende demasiado, quizás por eso no dio ni las buenas noches. Cantó Blowin in the wind, me he enterado cinco días después, en la crónica de El Español. Vaya usted a saber. La banda buenísima, todo sea dicho.

Por lo que respecta al retrato del Madrid de hoy en día, lo más llamativo fue el público. Ese público que, pasara lo que pasara, iba a decir lo mismo: A Bob Dylan se lo perdono todo; a ver, tiene ya muchos años como para poder elegir lo que canta, ¿no?; tío, es que se la suda, tío, qué grande -el hecho de que se la sudes te gusta. Tú eres el verdadero genio.-; Buah, tío, he visto a Bob Dylan; Buah, tío, sólo el puto Bob Dylan podía hacer un concierto en Semana Santa -este último y más reseñable portaba un sombrero ancho, bigotito, aires de independencia, términos de la abogacía literaria contemporánea-.

Y el Jueves Santo, concierto de Álvaro Ruiz

 

Allí estaba la gente tocando palmas. Gente buena, caudalosa, de buena familia. Unos tocaban las palmas bien, otros tartamudeaban -rítmicamente hablando, no me meto en la privacidad de nadie-. Álvaro Ruiz tocó sus canciones -todas buenísimas-. Salieron otros cantautores -todos buenísimos-. Yo me pedí una cerveza artesanal, porque lo que no se puede es ir a ver tocar a alguien que no está en la industria y pedirte cualquier cosa. Valors.

Conocí a Pedro Pastor, que es un tipo altísimo. Me compré una camiseta de Álvaro. Me queda bien, creo que me hace parecer incluso más alto y más delgado. Hasta para eso me gusta ese tío. ¡Ah, otra gran noche!