Mi café y el maravilloso regalo del tiempo durante la cuarentena

La cuarentena nos ha regalado algo maravilloso: tiempo para hacer café. No lo despreciemos.

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La cafetera en cuestión.

Mi rutina se ha convertido en una suerte de placer estoicista desde hace un par de semanas. Empecé tan mal como podía empezarse, de eso no les quepa duda, pero desde hace dos semanas todo va genial. Me levanto sin poner el despertador, me tengo la hora cogida; hago burpees y yoga y me pongo el café. Cuando me pongo el café es cuando verdaderamente noto que el día empieza bien porque no tengo ninguna prisa. Esta cuarentena nos va a dejar eso a algunos: el maravilloso regalo del tiempo.

Pequeños placeres: hacer café, hacer yoga, desearle al vecino una muerte espantosa…

No me gusta romantizar la situación, me parece insolidario, pero he encontrado pequeños placeres que antes no tenía. Ser feliz estos días me sabe a egoísmo pero, en cualquier caso, me parece bien. El café, por cierto: Primero se pone el agua a hervir sobre la base de la cafetera, el fuego cuanto más lento mejor, nadie tiene prisa aquí. Cuando hierva el agua, entonces, se pone el café en el filtro y el filtro en la base de la cafetera. Con mucho cuidado, lentamente, se aparta del fuego y se pone la parte de arriba de la cafetera. Y vuelta al fuego lento. El café sale mucho más sabroso.

Luego me pongo a escribir y es entonces donde vuelco todas las cosas negativas que pienso. Mi infatigable inquina hacia los vecinos del bloque de en frente, que todas las tardes ponen Resistiré y cantan una canción que se han inventado, por ejemplo. Se pasan cantando y poniendo canciones y haciendo un bingo y la madre del cordero media hora. Media hora larguísima. Supongo que para quien viva con este tipo de persona, esto es un infierno. 24 horas al día obligado a ser feliz, la tiranía sonriente.

En nuestra sociedad se intenta por todos los medios que seamos felices. Mensajes de whatsapp, carteles cursis en las redes sociales, canciones horteras en los balcones… Aceptemos que ser feliz es complicado y que cada cual necesita algo distinto. Aceptemos también que no vamos a ser felices si estamos más pendientes del trabajo que de nosotros. Mandemos a la mierda a todas esas personas que pretenden que seas feliz trabajando, cobrando un mal sueldo y el largo etcétera de miserias que la contemporaneidad propone.

“Vivamos con poco”

Una vez hecho eso, vivamos con poco. Concentrémonos en levantarnos por la mañana, hacer algo de ejercicio y poner el café muy, muy lentamente. Mientras escribo, una patata se cuece, por el sonido, parece que chapotea. Soy feliz pensando que son mis vecinos, los del bloque de en frente, tratando de salir del agua hirviendo que se merecen por interrumpir este maravilloso silencio que nos envuelve.

Sí, soy una persona horrible, alguien ceniciento, pero soy feliz con poco. Con el colmao del barrio, mi cervecita a las ocho y media de la tarde, mis latas de conservas y estos ficticios pensamientos homicidas tengo más que suficiente. Espero que ustedes sean felices también y que sus vecinos no les den estos funestos motivos. También es verdad que, después de todo, ¿qué es el ser humano si le quitas su poquito de mala leche?… Pues probablemente se convierta en ese tipo de persona que se dedica a molestarme: una buena persona. Qué asco.