Cagüedié, Hilaria: De cómo fue la fiesta organizada por el Partido Demócrata

La gente de los ambientes álgidos presumía de saber de tinto; los demás desmerecíamos de la birra: El Partido Demócrata había organizado un sarao con sus volunteers modernas y sus chavales con camiseta

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Fiesta del Partido Demócrata en un local de Madrid.

La noche pintaba movida desde el momento en que uno se enteró de que había fiesta en el barrio de Salamanca, sede del pijerío de los madriles: quince leuros con una cerveza o una copa de vino. La gente de los ambientes álgidos presumía de saber de tinto; los demás desmerecíamos de la birra: El Partido Demócrata había organizado un sarao con sus volunteers modernas y sus chavales con camiseta.

Carteles de la Hilaria por todas partes, un barco colgado del techo, vírgenes a cascoporro y mucha gente que decía “wuuuh” como signo inequívoco de alegría cada dos por tres. El estadounidense medio tiene tendencia a sorprenderse hasta de tener uñas, me he di cuenta anoche. No faltó el photocall, ni la gente recaudando dinero, ni los selfies, ni la foto de estar como dudando de hacia dónde va la vida.

cartel de Hillary Clinton
cartel de Hillary Clinton

“Yo he venido por el ambiente”, se escuchaba entre gran parte de la españolidad. Aquello estaba lleno de guiris acostumbrados a pagar ocho denarios por consumición, se notaba en el la atmósfera del lugar que aquello no era jugar en casa; en la forma de sacarse las fotos y en el hecho de vivir las cosas de otra manera, por ejemplo, La CNN (que de esto sabe un rato) anunciaba que en diez segundos se sabía el resultado de un Estado (pongamos Nueva York), así que la popular transatlántica hacía su cuenta atrás como está mandado, eso viene ya de los colegios.

“Importantísimo el resultado en el Estado de Malboro, Missouri”, pronunciado “Misura”, cuidao, que no es igual el que lo sabe pronunciar con acento de allí que el que no. Cuando se supo el resultado del Camel County, Mississippi, se vio preocupación en las caras de la gente preocupable, “ahí tenía yo mi no-sé-qué”, decía un tío con gafas. Los que íbamos por el ambiente comíamos y bebíamos, que más que demócratas somos muy del Mediterráneo.

Poco a poco la gente que sabía y los que íbamos por el ambiente nos fuimos diferenciando. La gente preocupada se puso delante de la tele grande poniendo caras de entender de la sociología del medio-oeste, cuando salieron los resultados de Iowa hubo un tipo que se acordó de que ahí se rodaron Los puentes de Madison, “eso es normal perderlo, ten en cuenta la influencia del cereal en la producción de los altavoces estéreo”, le dijo una señora que llevaba un pañuelo y una camiseta que decía: “yo que entiendo una mijita de esto porque me he llevao treinta años ensayando la coreografía de las cheerleaders de los Lakers…”

En el otro lado de la vida, los que íbamos por el ambiente seguíamos a lo nuestro, “niño ponte una música alegre o algo”, dijo Josema, “niño, ponte un pasodoble, joé, un double-step”, dije yo, “Florida, te cabe el Mani”, dijo uno que allí estaba. La conversación se fue yendo de madre y acabamos por discernir que Florida no es ni de Trump, ni de Clinton: Florida es chenoísta.

Cagüendié, Hilaria, las cosas hay que hacerlas de otra manera. Yo entiendo que para el americanismo todo hay que hacerlo show, pero aquí en España estamos muy en la corriente de opinar de todo: Esta noche, mientras escribo, seguirá habiendo gente en la fiesta del Partido Demócrata estadounidense haciendo como que entiende lo que dice el presentador, sin subtítulos ni nada, al cual no se ha escuchado en toda la noche. “Importantísimo el Estado de Kelloggs (Colorado) para la política monetaria”, mismamente.