Cara a cara: canto de cisne afónico

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Realmente, el cisne no canta nunca, su graznido es, de hecho, espeluznante y desagradable, pero hubo alguno que dijo que el último canto de un cisne era bello. Ayer escuchamos un canto de cisne que tuvo la vida contraria al patito feo: En aquel cuento el patito era horroroso y marginado, pero al tiempo se hizo hermoso, como el bipartidismo que nació ilusionante tras la caída de Adolfo Suárez, nació entre purpurina y, por no saber irse a tiempo, se va a morir con alzheimer: Recordando lo que hizo hace mucho tiempo, olvidándose de lo que hizo ayer.

Ayer vimos el último debate de este bipartidismo, igual se sustituye por un bipartidismo nuevo y renovado en el que las chaquetas de pana de los ochenta llevan coleta hoy, yo no lo creo: Estamos ante la caída de todo un sistema político en el cual nada había más allá de estos dos, se abre un campo entero en el que el PSOE no acapara la izquierda y el PP tiene un niño rebelde, no creo en un nuevo bipartidismo, habrá nuevo sistema. El debate de ayer era un debate jurásico, y no por su ferocidad, sino por su índole noventera, el debate tenía canas, cataratas y sordera. Aún así Sánchez ganó la contienda por la mínima, estuvo mejor, dentro de lo que cabe, se le vio en su sitio, más tranquilo, mas resuelto. Mariano Rajoy, sin embargo, demostró por qué no fue a los demás debates: En un formato que conoce, perdió contra el que perdió estrepitosamente el debate a cuatro. Rajoy, en aquel debate, hubiera sido un perdedor al cuadrado.

Las ausencias marcaron, una vez más, el devenir del debate. No hay mejor sensación en la política que la de saber que te echan de menos, Felipe González y Aznar viven en ella permanentemente y no parecen envejecer. Ayer Iglesias y Rivera estuvieron frotándose las manos, recibiendo calurosas invitaciones a ir siempre a estas cosas, aluvión de comentarios que recordaban su enfrentamiento en el programa de Jordi Évole. Rivera e Iglesias ganaron este debate al saber que los que lo vimos nos aburrimos.

Muchas preguntas se me quedan en el aire, quise ver qué sucedía en dos mundos paralelos, por curiosidad: En antena tres analizaban el debate el Ministro García-Margallo y la ex Ministra Carme Chacón, ¿qué hubiera pasado de ser ellos los debatientes? Por otra parte, en un Congreso del PSOE distinto, pienso en qué hubiera pasado si Madina hubiera ganado a Sánchez y Sáez de Santamaría hubiera tenido el sitio que le corresponde, el de candidata del PP, ¿Y si hubieran sido ellos? ¿Qué debate habríamos visto? ¿Correría tanto peligro el bipartidismo? El inabarcable mundo de lo que pudo haber sido, donde se combinan viajar al pasado y cambiar el futuro, es engañoso, seguro que lleva al lado oscuro de la fuerza.

Y así, entre el cachondeo del personal que por no llorar reía en un debate triste, por un moderador pusilánime, por dos debatientes de los que es mejor no acordarse, finalizó la época bipartidista de nuestra democracia. Debe ser desconcertante tener un imperio y ver cómo se escapa, ser el último eslabón, aquel que lo perdió todo; el último emperador de Roma, Boabdil entregando las llaves del sistema. Hemos visto el último debate, no porque no puedan persistir en su hegemonía, sino porque nadie se lo cree, porque nadie volverá a apostar por un formato así. Hemos visto el canto del cisne… y el cisne estaba afónico.