Carlos Coloma de Austria (como mínimo)

El riojano Carlos Coloma ganó el bronce con casta y llegó a la meta agarrándose sálvese la parte

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Andalucía al Día, Carlos Coloma
Carlos Coloma en el podio, foto de Europa Press

Ayer domingo veíamos una imagen de las de verdad: Una bicicleta y, moviéndola, un hombre español: Carlos Coloma, de la Rioja; con un bigote de haber estado en el Tercio con Alatriste; fuerte; con gemelazos; cuerpo de legionario metido en el gimnasio y cara de defender a España.

¡Ole!

Pues llega el tío a la meta y, como español de España, se agarra sus olímpicos cojones como diciendo: “Antes que yo, va a llegar esta.” ¡Cojones de España! ¡Cojones de Bronce! ¡Carlos Coloma y su pedazo de _ _ _ _ _!

(Me van a disculpar por no poner la palabra, pero es que de un tiempo a esta parte estamos muy poco folklóricos con el lenguaje y mimimimi cuánta tontería. Voto a tal que si el director fuera un tío con bigote y tirantes anda que iba yo a tener que censurarme.)

Esa postura, creo yo, proviene del propio Felipe IV que, ante la guerra de Flandes, el Rey nuestro Señor estaba todo el día rascándose el cetro. Lo que sí que hizo bien susodicho monarca fue casar a su progenie; con lo que su hija Margarita se fue a casar con Leopoldo I y a María Teresa la mandó casar con Luis XIV (con el cual, por si no lo recuerdan, yo lo flipo. Si no lo recuerdan, pinchen aquí). Reinar, lo que se dice reinar, reinó Carlos II, el hechizado, que heredó de su padre esa nariz que ellos tenían y el tan arraigado gusto por rascarse el cetro. Ya era una especie de tradición familiar: El plan era colocar a un valido y luego rascarse el cetro el tiempo que hiciera falta.

Tras las muerte de Carlos II, al que llamaban el hechizado (dicen los Carapapas en el Carnaval de Cádiz que eso es una forma muy diplomática de llamarle “encarajotado”), surgió el problema de que este hombre no fue capaz de hacer un decreto mediante el cual otro Rey naciese (o bien no quiso porque él era un hombre libre y le gustaba viajar y eso un niño no te lo permite), por lo que se tuvo que elegir entre tipos muy poderosos: Los descendientes de Luis XIV de Francia o los de Leopoldo I, Emperador del Sacro Imperio Germánico, ahí es ná.

Por lo que sea llegó a España el primer Borbón, nietísimo de Luis XIV, llamado Felipe V, el cual heredó de su antecesor un lío tela de grande en el Reino de Aragón y el gusto no sólo en rascarse el cetro, sino también el gusto en que se lo rascaran. De ahí que le llamasen (también muy diplomáticamente) “el animoso”.

Por eso me alegro de que un tío de verdad entre en la meta con to su p _ l _ _  por delante, porque eso sí que lo tiene él de oro, y no las tonterías de las medallas, ni hostias. Cogerse del tema y decir: “pa ti y pa  _ _    _ _ _ _ _”, eso sí que es español. Monárquico, incluso. ¡De Austrias p’arriba! ¡Viva España, coño!

Y luego está el deporte, bromas aparte, ¡Qué tío más grande, joé!