¡CDC é mundial, carallo!

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Atenea Luana y Aída González, campeonas del mundo de debate.

Era final de noviembre cuando una familia llamada Club de Debate Compostela (CDC) me invitó a juzgar en, nada y más y nada menos, que su torneo interno. Sin comerlo ni beberlo, ni ser yo un orador de lustre ni de palio, Iván Olmos corrió ese riesgo. Hoy, en mi Córdoba querida, casa de mis adorados Dilema y CDU y mi admirada Aula de Debate, Aída González y Atenea Luana (esta vez en el nombre de AGADE) se convertían en Campeonas del Mundo de Debate. En mayúsculas.

            Estoy tremendamente feliz por la consecución de este mundial. El kharma se ha puesto de parte de una gente trabajadora, buena, perfeccionista y con un concepto puro del compañerismo. Cuando abrí twitter y vi que Aida González y Atenea Luana habían ganado este campeonato mundial de debate en formato BP no pude alegrarme más. Me alegro, primero, por el club: Por Iago (que siempre ha tenido una palabra cariñosa hacia mi); por Iván (cuyo aprecio hacia mí merece una investigación científica en busca de mi mérito) y por María, la orgullosísima actual Presidenta que hoy seguramente pierda la voz. También están Lidia Lareo, que además de ser debatiente y periodista dobla dibujos animados; David Garrote y su entusiasmo por todo lo que le pude contar; Moisés (que me ganó un Ovimun, el muy truhán) y su excelsísima amabilidad; la pluma de Marcos y Carlos (a quién lanzo dardos para que se vengan a estas páginas); Abel, Aloxi, Alba, Lucas, Sara, Lauriña, Antón, Carla, Adrián, Manuel, Ricardo (¡que me dejaron su casa! ¡Manuel y Ricardo me dejaron su casa!) ¡Y la de nombres que me quedan!… En definitiva, me alegro porque en la cena de cierre del Torneo interno de CDC cabe cualquiera, incluso yo, que jamás pertenecería a un club que me admitiera como socio (como dijo Marx -Groucho Marx), y porque han hecho del debate una reivindicación del ser buena persona.

            Y, en concreto, me alegro por Aida y Atenea. Igual Aida no se acuerda, pero indicar a un tipo al que no conoces cómo se llega a la Facultad de Periodismo de Santiago con tantísima paciencia tiene un mérito comparable con pocas cosas, tratarle como si le conocieras de toda la vida y sentarle en tu mesa, aún más. Atenea, supongo, tampoco se acuerda, pero me brindó una conversación interesantísima sobre el periodismo (y creo que también sobre García Márquez) pasando por la Plaza del Obradoiro, camino de un bar donde, cómo no, un grupo de personas a los que acababa de conocer me hicieron sentir entre amigos. ¿Saben de esas personas que inspiran bondad? Pues aquí hay dos. Me alegro, además, por el golpe en la mesa que supone que, ante la conceptualización del orador masculino, dos mujeres sean campeonas del mundo. Me alegro, finalmente, porque el hecho de tener amigos gallegos te abre la puerta a un idioma precioso en el que ya tendría, calculo yo, un A2 como poco.

            Como dice la canción, miña terra galega/ é duro estar lonxe de ti en momentos como éste. Me encantaría compartir con vosotros y vosotras este soberano triunfo, pero alguien tenía que escribir este artículo tan lleno de agradecimiento, admiración, cursilería y pomposidad.

            ¡Larga vida a CDC! ¡Sois mundiales, carallo!