Chanjama (mitad chándal, mitad pijama): La prenda que no sabes que necesitas

El chanjama (mitad chándal, mitad pijama) permite ir a por el pan sin cambiarse.

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Cristiano Ronaldo usa chanjama no sólo para comprar el pan, también en su trabajo.

El chanjama (mitad chándal, mitad pijama) es el mejor de todos mis inventos, por lo que voy a permitirme presumir de él, pues hoy han herido mi orgullo. Caminaba yo por un barrio pijo cuando un adolescente (futuro abogado en el despacho de papá) me ha dicho en tono borbónico: ¡Vaya chándal bonito! En un acto del que no me enorgullezco, le respondí que si él era el primo de Yolanda, el dijo “¿Qué Yolanda?”, a lo que yo contesté “mi p_ll_ con bufanda”, y me fui sin dar más palabra. No obstante, yo vestía mi chanjama habitual, así que utilizaré este espacio para dar a conocer esta prenda tan eficiente.

El auténtico chanjama

Un andaluz que se precie debe economizar sus esfuerzos, reservar su energía para cosas de auténtico valor o, si se prefiere, guardar tiempo. Del mismo modo, al andaluz medio le gusta comerse un buen mollete para desayunar, sin embargo, ¡qué pereza tener que cambiarse para ir a la panadería! Otra opción sería ir a comprar el pan el día anterior, pero el día anterior igual estabas con tus amistades o, sencillamente, has apreciado que el pan no está igual de bueno.

Para eso está el chanjama. Sustituye tu antiguo pijama por un chándal más o menos antiguo. Rescata ese chándal Cortez de cuando eras cani y acuéstate con él. Ventaja inmediata: El chándal, por muy cani que sea, es más calentito que el pijama. Ventaja posterior: Cuando te levantes, solamente tendrás que ponerte unas zapatillas y salir a por el pan sin parecer ordinario, más ancho que largo, saludando a la vecindad, que también irá en chándal, pero habrá tenido que cambiarse.

La crítica inmediata

Conozco la crítica inmediata: Es un poco guarro acostarse con un chándal. Allá cada cual. Bien sé que habrá quien niegue al chanjama en público y lo utilice en privado. No culpo a nadie, sencillamente, disfruto cuando bajo a por pan sin haberme cambiado. Me sabe mejor el mollete, empiezo mejor los días.

Y es que demasiado tengo yo como para preocuparme de si es de guarro dormir con chanjama o no. Me preocupa el auge de la extrema derecha y los ojitos que le hace el PP, el futuro de las pensiones, la crisis del Mediterráneo y del Estado de Derecho, el hecho de que Ciudadanos no sepa qué es el feminismo liberal pero conozca los pucherazos… No obstante, el gozo sutil y efímero de ir a por el pan sin haberme cambiado, eso, raro será que me lo arrebaten. Con qué poquito nos conformamos los de esta generación…

Nota de vocabulario

Se me apunta que también puede decirse pijándal (“que suena más élfico”). No obstante, en la Tierra Media, sólo los hobbits poseen esta mentalidad y pocos hobbits han conocido a los elfos (Bilbo y Frodo Bolsón, Sam Sagaz, Merry Brandigamo, Pippin Tuk y pocos más, que yo recuerde). Sabiendo esto, debemos observar que jamás se ha visto un elfo que sea feo o poco elegante y, reconozcámoslo, el chanjama es óptimo por eficaz, no por majestuoso. 

Dado esto, afirmo con rotundidad que el vocablo chanjama responde a una sonoridad arábiga que reafirma el carácter andaluz del invento, por lo que es bastante más adecuado para este menester. Si, muy por contra, estuviéramos hablando de un pijama portentoso con el que pudiera uno salir a la calle sin que la vecindad se percatara de que es un pijama, entonces, sí podríamos hablar de pijándal. No obstante, como digo, la belleza del chanjama está en su cutre utilidad, la cual lo hace, sencillamente, espectacular.