Chavales en fuego cruzado

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No, esto no es un cuento de machismo encubierto. Esto va de por qué he estado apunto de saltar erróneamente sobre dos chavales por la calle.

El fuego cruzado es una de las cosas más tristes y más al día que te puedes encontrar. No hay colectivo malo en general, sólo individuos asquerosos. Estas dos historias van sobre cómo todo puede tener dos caras:

La primera empieza con un paseo con mi perro, a las y pico después de salir de juerga un fin de semana. Nadie en la calle, y a pocos metros se para un coche y deja a una chica. Se baja bruscamente, no llegaría a los veinte. Camina por delante mía a paso ligero y el coche la sigue en paralelo, se van diciendo cosas que no parecen muy agradables. Al momento aviso a Häendel de que hay bulla y que venga conmigo despacito. Si, en plan ninja a unos metros en la oscuridad. Si se bajaba del coche, el perro se lanzaba y yo detrás. Pero de repente, veo que para en un paso de cebra y cuando vamos a saltar, escucho la voz del conductor. Cito textualmente:

-(Él, voz lastimera) ¿Pero qué te he hecho tia, porque eres así?

-(Ella, voz de camionero) ¡Que te pires personaje, que me dejes!

Acto seguido el chaval se va cagando leches y yo, me siento tremendamente estúpido.

La segunda comienza con el que escribe volviendo de un bar (como no). Volvía solo e iba a cruzar una avenida principal de estas de doble sentido, cuando al otro lado veo a una chica diciéndole cosas a un chico, que camina unos metros más adelante. Acto seguido la chica le pega un derechazo que no le da en la cara de milagro, el chaval se encoge y le da en el hombro. Le escucho decir algo así como “que pasa, ¿que ya no tienes huevos o qué?”. Al momento pienso en que el niñato habrá intentado abusar de la chica equivocada. Veo que a veces se gira y le responde y decido seguirlos un rato. Si se va para ella en una de esas, serán dos contra uno a favor de la boxeadora. Me pillaba de camino además. En esta historia no voy ni a citar textualmente porque al poco me di cuenta de que ella iba más borracha que una cuba (ni mantenía la verticalidad). Básicamente, le estaba zurrando al chaval por sus ex-novias y aseguraba que le había engañado. Al final llegan a un paso de cebra y él consigue calmarla de alguna manera, y de repente se agarra a él y como si no hubiera pasado nada. Y yo, de nuevo, sintiéndome más tonto que un pellizco en el codo.

Mi madre tiene una frase que me encanta: comprate un desierto y bárrelo. De pequeño siempre me daba coraje pero con los años me la he guardado en el bolsillo. Quiero ese desierto y esa escoba, porque así no te pillan las balas de toda esta historia. Porque lo mismo que ves cosas así, ves a un tío sacarse el asunto al pasar dos turistas rubias despampanantes en El Prado a mediodía, como le pasó a un buen amigo hace no mucho. Uno ya no sabe qué pensar, los tíos nos miramos como “traidores a la causa” a la primera de cambio por todo esto. Es una locura que no sé como no ha causado un titular en plan “dos hombres heridos a raíz de una pelea doméstica: un vecino intervino al escuchar voces y…”. Seguramente (y sinceramente) haya sido porque somos tan cabrones y empanaos que no tenemos narices de pillarnos los unos a otros cuando hacemos daño a quien no debemos. Parece que el ingenio se nos dispara con la perversidad, joder…

Supongo que lo único que nos queda es eso, acordarnos de que hay gente buena y mala en todos lados. De todos colores y de todos géneros. Y no quiero poner una cancion triste, hoy no. Hoy quiero dejar una de esas que sé que la gran mayoría podemos sentir. Rumbeando.