Medidas populares chungas: (I) Eliminación del impuesto de sucesiones.

Todo el mundo debe trabajar para obtener un bien, por eso el impuesto de sucesiones es justo. No obstante, hay excepciones.

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Cristóbal Fernández, Secretario de Organización del PSOE-Málaga, presenta una campaña sobre el impuesto de sucesiones. Europa Press.

En teoría, para vivir bien de la música hay que tener un gran talento: Kiko Rivera ha demostrado con creces no tener ninguno, sencillamente, es hijo de Isabel Pantoja, una señora de un talento inconmensurable.

¿Es artísticamente justo que Paquirrín viva de la música por el talento inusitado… de su madre?

Lo dudo. Del mismo modo sucede en la economía: ¿Es económicamente justo que una persona que no ha trabajado, ni ha invertido, ni ha emprendido sea rica por el talento… de su familia?

En nuestra sociedad concebimos que una persona debe adquirir sus posesiones por su trabajo o su talento inversor, por lo que adquirir un bien sin haber trabajado o invertido es injusto. De ahí que esté en contra de la eliminación del impuesto de sucesiones. Considero aberrante que una persona pueda ser rica por el talento trillonario que tuvo su bisabuelo.

Por supuesto, don Carlos Herrera está pagando hoy impuestos por sus posesiones (y se agradece), quién no está pagando impuestos por ello es su progenie. Ahí está el percal. El capitalismo teórico premia el talento individual, el trabajo duro de un individuo, es así como uno se hace rico. Si eliminamos el impuesto de sucesiones, eliminamos de raíz esta circunstancia: Uno puede ser rico sin trabajar, sin invertir, sin talento.

Así mismo, ya desde el punto de vista de socialdemócrata, perpetuamos el establecimiento de la desigualdad, haciendo eterno el hecho de que haya ricos y pobres, pues la riqueza de una persona se queda donde estaba trabajen o no sus herederos, mientras que al otro lado de la sociedad, hay gente que, aunque trabaje, no tiene capacidad económica alguna. Ahí es a donde vamos.

Por supuesto, la pega:

Sucede que la clase obrera no tiene dinero líquido para pagar susodicho impuesto. Además, está el hecho de que si no tuviesen la casa de sus padres, sencillamente, no tendrían casa. Falleciendo los padres de un joven de veintitantos años que vive como vive una persona normal de veintitantos años, tenemos un problema.

La profundidad nos dice que esa persona no tiene dinero para afrontar el susodicho impuesto ni con un crédito porque: 1.  su trabajo no es fijo. 2. no sólo no es fijo sino que, además, es precario. 3. Desaparece su intención de formarse porque o trabaja diez horas o se forma.

Afronto, por lo tanto, que el culpable de que una persona no pueda pagar el impuesto de sucesiones es de un sistema que favorece el trabajo precario; que no da liquidez si no es a cambio del primogénito (permítanme la hipérbole) y que, consecuentemente, no satisface las necesidades económicas del total de la población.

La superficialidad siempre pragmática nos dice que, por mucho que se requiera trabajo para obtener un bien, ese trabajo no existe para una gran parte de la población y, de existir ese trabajo no es digno, por lo que el impuesto de sucesiones debe de tener otra faz. Propondría aplazar susodicho impuesto, hacerlo más confortable y, en caso de que sea imposible que se pueda pagar, dadas ciertas circunstancias, declarar que esa persona no pague el impuesto.

En esta flexibilidad se conjugaría el hecho de que los impuestos han de servir para repartir el bienestar financiero (pues, como dijo Alfonso Guerra, se debe pretender acabar con la pobreza, no con la riqueza); con el hecho de que cada cual debe ganarse el pan trabajando.

En resumen, afrontando que el culpable de que haya gente que no pueda afrontar el impuesto es de un sistema económico injusto, concluyo diciendo que el impuesto de sucesiones debe encarecerse a los grandes patrimonios, hacerse cómodo a los medianos, más cómodo a los pequeños, e inexistente al que, sencillamente, no puede afrontarlo:

Del mismo modo que los nietos de la Duquesa de Alba tienen que vivir de su trabajo (como no hizo su abuela); es torpe e ineficiente que el Estado deba fomentar que la ciudadanía tenga una vivienda (art. 47 de la Constitución) y, por no poder afrontar un impuesto, requise una casa dada en herencia: Si cada persona debe de tener una vivienda, si las leyes -por mandato constitucional- han de ir en este sentido… No tiene sentido que una persona no se quede donde estaba antes de heredar, si no tiene otro sitio donde estar.

Propuesta que someto a debate (porque es injusto criticar sin proponer).

  1. Elevar el impuesto de sucesiones a las grandes fortunas (sí, aún más).
  2. Aunque el impuesto de sucesiones tiene su sentido en que se paga al suceder, se ha de reconocer que muchas veces resulta inoperativo. La institución pública podría establecer un pago a plazos de susodicho impuesto basándose en la situación económica del heredero o heredera.
  3. En caso de que las grandes fortunas tengan su patrimonio exclusivamente en bienes inmuebles (raro parece, pero, bueno, la democracia es caprichosa y el mercado ni os cuento), mirar segunda propuesta.
  4. Por supuesto, hay quién no puede afrontarlo. Deseos de socialdemocracia y de un sistema más justo aparte, en este caso, no tiene sentido el impuesto de sucesiones. Es más, la exención podría suponer una oportunidad económica para quien herede, que podría invertir en estudiar, en un negocio… O, sencillamente, tener una casa.