2016: Cinco anécdotas sandungueras en el teatro

Ha sido el año más teatrero de mi vida y esto me ha dejado anécdotas jugosas... ¡Ojo a la cuatro!

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Clara Sanchis, como Virginia Woolf en "una habitación propia". Oficial

Se acaba el año. Lo digo para los que viven en Sevilla Este, allí aislados de la vida pero felices en el refugio que dan las plazas amigables con o sin litros de Cruzcampo, que igual no se han enterado. Si hago repaso de mi vida pública, que no es otra cosa que la que escribo, ha de decirse que soy mucho más feliz desde que estoy más pendientes de los escenarios puros que del escenario del congreso. De ese modo he podido rescatar cinco anécdotas de mis andanzas por el teatro español contemporáneo.

5. El de cuando vi la presentación en público de una obra. 

Era Tartufo. Allí estaba Gómez-Friha con su pinta de no dirigir, dando órdenes como si estuviera dirigiendo cuando en verdad había poco que dirigir porque era una presentacion pero luego le estaba diciendo qué hacer incluso a las cámaras de televisión. Que tú lo piensas y te quedas como que taciturno. Aquello era un sindiós que a los actores traía al pairo. Allí estaba Ochadiano como el que no estaba, pero estando; Marián Aguilera hablando con Vicente León que estaba vestido de mujer. Y dice  Gómez-Friha “¿estamos?” y la jefa de prensa, dale, y dice Ochandiano, pues voy… Y yo con la cabeza dando vueltas. Y pum, clavan la escena incluso falseando la entrada (mérito este tanto del reparto como del director).

¿Pero cómo se ponen a actuar así pasando tan de cero a cien? Pues estudiando mucho, que luego dicen que el artista se hace, mentira, hay que estudiar más que en Derecho.

4. El día que fui con Blas (y Kike, y con Pablo…) y la gente nos miraba cual si fuéramos amantes. 

El Alcalde de Zalamea en Sevilla, la CNTC, que es al Teatro como la abuela de las compañías. Blas y sus pintas de tío guapo venido desde Milán y yo y mis pintas de chico modoso. Y entramos al teatro y la gente nos miraba… Y concretamente el de la taquilla con deseo. Y se notaba allí que se nos quería.

Y qué más quisiera yo que ser amante de semejante maromo, oigan, aunque sea por la envidia que estaba dando a muchas (y a algunos).

3. El día que me di cuenta de que ir a la RESAD se nota. 

¿Saben esta de que uno va estudiado, habiendo leído los comentarios de la Edición que hizo cátedra, y está el estudiantado de la Real Escuela Superior de Arte Dramático… Y se les nota? Son como seres humanos, sólo que más saltinbanquis, lo único que está quieto en aquella escuela es una estatua que tienen. Y sales a tomarte una cerveza al bar de al lado del teatro y allí está la chavalería de la RESAD, como si fueran gente normal, pero haciendo cosas. ¿Tonterías? No, cosas. Cosas de ellos y ellas. Cosas de la RESAD.

2. El día que no conocí a Belén Cuesta.  

Mira que estaba yo concentrado en decirle algo, ¿eh? Pues no hubo forma. Y yo allí mirándola como a los versos que aún no he escrito después de Las Cervantas y ella andando por la sala Max Aub… Divinísima… Tan candidata a candidarse para los Goya… Y luego candidándose los Goya… Y yo encandilado de antes… Ay, Belén Cuesta…

  1. Cuando se desmayó una señora en “Una habitación propia”. 

Bueno, es que qué cosa. Imagínense vuesas mercedes que son Clara Sanchis y están en el papel de Virginia Woolf y en la puñetera primera fila de un monólogo coge una señora y dice: Pues me estoy sintiendo mal. Y Clara Sanchis allí empoderadísima cuando la señora coge y cierra los ojos. Y Clara Sanchis allí toda libertaria y la señora coge y da una cabezadita un tanto extraña. Y Clara Sanchis más Virginia Woolf que nadie y coge la de al lado y dice: ¿Te encuentras bien? Y la otra que se caía. Ahí me di cuenta de que el ser humano tiene preguntas muy tontas. Allí la mujer más blanca que un madridista de Noruega y la otra “¿Te encuentras bien?” Y pum. Al suelo. Y Clara Sanchis ya dijo: “mira, mejor paro porque esto es una cosa que de verdad que no, ¿eh?”

No, ya en serio, qué grande, qué profesional doña Clara Sanchis que, después de aquello, siguió como si tal cosa. Qué grande hay que ser.

Luego de la obra pregunté en la puerta, la señora se encontraba bien gracias entre otras cosas a la rápida actuación del personal del teatro. Nos alegramos.