“Todavía algunos ‘románticos’ seguimos pensando que escribir nos dignifica”

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© Emilio Morales

Esto de escribir es un vicio, tengo que reconocerlo. Una costumbre muy mala que no se nos quita ni siquiera con la sabiduría debe dar la sucesión de días y la acumulación de años. Tal vez los que empezamos a escribir nuestros primeros ripios a los catorce o quince años, no seamos conscientes del paso del tiempo y de la aparición de las canas, algo que se supone, es manifestación de experiencia y madurez. Nada más lejos de la realidad, ¡seguimos siendo unos soñadores!

Este cada día más denostado oficio de escritor, no da para mucho más que la satisfacción personal y si acaso, el reconocimiento de los más allegados y amigos sinceros. Las grandes empresas que se dedican al asunto de vender libros, son simplemente eso: industrias que ganan dinero con el esfuerzo del que piensa y escribe, y con la avidez de lectura de muchos otros. Al final, esos empresarios es a eso a lo que dirigen sus esfuerzos, sólo tienen un objetivo: que el producto sea comercial. Se sigue cumpliendo lo que se decía entre los románticos españoles del Siglo XIX de que “para escribir bien hay que pasar hambre”. Y no es que en la actualidad el escritor pase hambre. Afortunadamente no es así ya que la inmensa mayoría, come y vive… de otra profesión. Porque, como decía don Antonio…

“Y al cabo, nada os debo;
debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansiòn que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago”

…pero el escritor sí pasa hambre de reconocimiento y de agradecimiento social por su labor, por su esfuerzo y por los frutos de su trabajo. Esa deuda la sigue teniendo pendiente nuestra sociedad desde hace siglos.

A pesar de que siguen vigentes los tópicos de que “el libro es un amigo”, “ un libro es el mejor consejero”, “un libro te enseña la vida” … y todos los que a usted, amigo lector, le vengan a la cabeza, el libro es un subproducto de esta sociedad consumista, acultural y distorsionada, cuya meta final y principal es la creación y acaparación de riqueza y la detentación de poder en todas sus manifestaciones. Eso de la cultura, por el mero hecho de disfrutarla, es algo idílico e irreal. Se sigue cumpliendo lo que decía nuestro gran Calderón “…y los sueños, sueños son ”.

La realidad se expone duramente a nuestros ojos: libros cubiertos de polvo que se agolpan y adornan estanterías, bibliotecas llenas de libros y vacías de lectores, aunque abarrotadas de gente que están con la pantalla de un ordenador por delante, y manuales rebosantes de sabiduría sólo consultados por escasos investigadores y soñadores de quimeras.

Bueno, pues todavía algunos “románticos” seguimos pensando que escribir nos dignifica y que leer, además de hacer más sabias a las personas, ensancha la mente, amplia la visión y engrandece ante nuestros ojos el mundo… y da cultura, esa cualidad de poseer una actitud crítica ante todo, mucha cultura, algo que no interesa a muchos.