Comunistas y liberales llevan razón siempre. Eso es así.

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Andalucía al Día, Iglesias-Rivera
Foto Europa Press

Hay una cosa que admiro de los muy respetables señores y señoras marxistas, ya se consideren de la Escuela de Frankfurt, trostkistas, leninistas, estalinistas, comunistas, eurocomunistas, maoístas o incluso futbolistas; es la misma que admiro de los liberales, ya sean libertarios, pos libertarios, anarcoliberales, liberal-demócratas, neoliberales, Thatcherianos, Reaganistas o incluso los madridistas: Llevan razón siempre.

Pongan a un marxista y a un liberal a su lado y cojan a un gato. Pregunten: “¿Caerá de pie?”. El marxista le dirá que caerá de pie si el gato quiere y a pesar de que el mercado quiere que el gato caiga de una determinada manera para así poder utilizarlo en pos del capital, de esa forma, el gato, en realidad, no elige si cae de pie o no cae de pie, simplemente, dada su falta de conciencia felina, deja que el mercado y el capital marque las pautas de su caída y de su posterior levantamiento. El liberal, muy al contrario, dirá que habría que dejar de coger al gato, tanto coger al gato ni tanto coger al gato, que el gato sabrá lo que hace que para eso es gato y tiene sus piernas y su rabo de gato. Así que lo mejor será que, hombre, ya que tienes cogido al gato, suéltalo a tomar por saco y ya el gato que haga lo que quiera, pero es más que probable que el gato caiga en el sitio en el que el Estado le dijo que cayese. Y si no, tendrá una multa basada en un afán recaudatorio que mina la libertad individual.

Y ambos llevarán razón inexorablemente. El marxista porque cuando la Unión Soviética los gatos hacían los que los gatos querían, pero que, hombre, el Estado y la madre patria estaban por encima, por lo que si, en un momento dado y en ningún caso por hambre, había que coger al gato y comérselo, por experimentar en pos de la investigación de la madre patria (fíjense que si luego se pueden comer los gatos y estamos aquí consumiendo el trigo de la madre patria, qué sublime tontería estaríamos haciendo). El gato por debajo de la madre patria, eso es así, y si no lo ves así, pues será que eres un capitalista, explotador, opresor y alienado que no piensa por sí mismo.

A su vez, el liberal observaría que, por la razón que sea, pero seguramente por vago o por falta de talento, un señor está esperando encontrar la idea para emprender y que ésta puede ser un restaurante cuya especialidad sea el gato. Y es por eso por lo que, no por hambre, sino por experimentar, coge al gato. Claro, si no hubiera sido porque ese hombre está individualizado, pues no hubiera experimentado la comida de gato, ¿Y si en una de estas encuentra un ingrediente desconocido para el ser humano? ¡Si no es porque el señor se come a un gato en su individualidad liberada no lo sabemos! En cualquier caso, nadie se debe de meter en la vida de ese hombre, oigan, si come gato, pues él sabrá por qué lo hace, no tenemos por qué meternos en la intimidad de un ciudadano. El Estado, por supuesto, tampoco tiene derecho a decirle qué debe comer y qué no. Y lleva razón, está claro que lleva razón, y si no le creéis es porque el Estado os tiene la cabeza comida y no estáis emancipados ni preparados para cuidar de vosotros mismos, en cualquier caso, os falta madurez cívica.

Entre tanto, una cosa en común: Que no se deja de hablar del gato. Rajoy diciendo que el gato, ahora que estamos en el año de la cabra y el ñu, le importa a toda la ciudadanía, que por lo general tiene perro pero es muy solidaria, lo que pasa es que la izquierda lo quiere obviar porque le es incómodo. Rivera ha ido a hablar de gatos a Venezuela, él mismo en persona porque para hablar de gatos tiene que ir él mismo. Y para hablar de perros también. Y de ñus. Y de lo que sea, él. Siempre. Iglesias, a su vez, no quiere hablar de gatos, pero al pobre hombre la casta (que es malévola y perversa) le fuerza a hablar de gatos y Garzón… Garzón se hace fotos con gatos para la campaña electoral.