Congreso del Partido Popular: La era de los descubrimientos

Sáez de Santamaría y Casado han hecho que el PP entre en la era de los descubrimientos, aunque con irregular resultado.

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Foto: Europa Press

Cuando se inauguró la Puerta de Toledo de Madrid, el populacho -recién apartado del concepto de ciudadanía- resolvió denominarlo “elefante de piedra”. Era una puerta que, comparada con la de Alcalá, resultaba ofensiva. La mandó hacer Fernando VII en honor a sí mismo atendiendo a su dudosa victoria contra Francia. La puerta es mastodóntica y los motivos para construirla se antojan ridículos. Casi doscientos años más tarde, el PP celebra su Congreso. En las últimas horas, resuena en la televisión una palabra tan jurásica como la Puerta de Toledo y tan alejada de la realidad como Fernando VII: El centroderecha.

Congreso del PP: La era de los descubrimientos

El centroderecha es un concepto ideológico dinosáurico en cuanto a tamaño y fernandino en cuanto a estética. Diría, de hecho, que el centroderecha es una forma de camuflarse y esconder que se es conservador -palabra mucho más denostada-. Conservador de los de toda la vida. Resulta peliagudo que Casado, que, entre otras cosas, hace poco se declaraba poco menos que enemigo de la ideología de género, se considere así mismo de “centroderecha” y al mismo tiempo pretenda ondear la vieja bandera de la mano dura del PP. La ambigüedad del término juega a su favor, qué duda cabe. ¿Cuando se empieza a ser centroderecha y cuando derecha, sin apellidos?

Hablando de ideología de género; Soraya Sáez de Santamaría, de la que decía Margallo (y no sin parte de razón) que no había nadie más poderoso desde Godoy, reivindicaba su papel como mujer. Cierto es que en la derecha las mujeres han tenido algún protagonismo. No hay Tory que se precie en la vieja Inglaterra sin un busto de Margaret Thatcher, por ejemplo. No obstante, bien es cierto que los espejos en los que Sáez puede mirarse son la declaración inequívoca de que no por ser mujer se trabaja por la igualdad de género. Dadas las medidas del Gobierno que Sáez ha casi presidido, no hay duda al respecto.

Así que, entre las bambalinas mediáticas del primer Congreso en el que se ha visto algo parecido a las primarias, se ha hablado de género en el PP. Sin ningún tipo de academia de por medio, eso sí. Es más, se ha hablado de género rechazando cualquier lectura razonable o crítica sagaz. Recuerda a los primeros pasos de los hombres de partido socialistas en este campo, cuando la Ministra Aído impulsó la crítica a Disney o el lenguaje inclusivo. Quizás lleguen algún día y se versarán, aunque sea, en el feminismo liberal. ¿Quién sabe?

La era de los descubrimientos

La era de los descubrimientos del PP empezaba con una moción de censura. La Constitución, otrora venerada, ofrecía caminos que en la Calle Génova se negaban a querer ver, como el sistema parlamentario. Seguía con la dimisión de alguien de peso, Mariano Rajoy, lo nunca visto. Avanzaba con la convocatoria de un Congreso que ha querido ser por primarias, pero en el que la tradición ha pesado mucho. Terminaba con la reivindicación femenina -no diremos feminista- de Sáez y la desinformada respuesta del equipo de Casado, retándose ambos a ver quién sabía menos.

La era de los descubrimientos del PP ha quedado como la Puerta de Toledo de Madrid. Hecha por un Rey absolutista, pérfido y traidor en honor a sí mismo; basándose en una mentira y con una estética mastodóntica, lenta y sin gracia. En definitiva, del todo opuesta a la Puerta de Alcalá, de 1778. La mandó hacer Carlos III, para mí, el mejor rey de la historia de España, un ilustrado.