Sobre el congreso de Podemos (I): Ganó Iglesias.

Con Errejón la izquierda podría haberse unido con más facilidad pero, ¿unido en qué? ¿entorno a qué medidas?

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Cúpula de Podemos. Europa Press.

Siempre tuve la impresión de que Podemos era un partido que se escondía para ganar votos. Eso nunca ha sido positivo para nadie: El PSOE cuando es “el ibuprofeno de las políticas de derechas”, como dice Patxi López, tampoco ha dado buenos resultados. Ciudadanos pretendiendo ser socialdemócrata ha resultado ser un volcán de cuñadismo. Podemos ha elegido el discurso marxista de Pablo Iglesias, abandonando el camuflaje del populismo en el que se puede ser simpático entre la burguesía, “transversal”, que se diría.

Prefiero a Pablo Iglesias porque considero que él podría tener un proyecto de verdadero futuro, aunque, desde luego, no lo comparta. Si de algo ha pecado el populismo que pregona Errejón (no digamos ya su posmodernismo) a lo largo de la historia, es que no tiene más proyección que el futuro inmediato.

Considero bueno el ejemplo del Gobierno de Madrid. La buena intención de Carmena me parece, a estas alturas, incuestionable: Madrid tiene un serio problema de contaminación. El obstáculo viene cuando hay que plasmar esa buena intención en políticas públicas y la ciudadanía madrileña se entera a las once de la noche de que al día siguiente no puede ir en coche a trabajar.

Cierto es que con Errejón la izquierda podría haberse unido con más facilidad pero, ¿unido en qué? ¿entorno a qué medidas? Ahora el PSOE sabe que a Pablo Iglesias “le gustaría la leche la propiedad colectiva de los medios de producción.” Bien, pues ya es algo, un pacto como el que firmaron Sánchez y Rivera, pero a la izquierda (lleno de palabros, de lemas bonitos y castillos en el aire, pero falto de política tangible) no hubiese servido para cambiar el país.

El Podemos de Iglesias y el PSOE de quien sea que salga tras el Congreso no pueden tener las mismas recetas, eso está claro. El paso hacia la socialdemocracia fue un acierto y el socialismo español no debería volver atrás, del mismo modo, el Podemos que apelaba al “somos los de abajo y vamos a por los de arriba” constituía, en sí mismo, una falacia sin capacidad de gobierno. Pero estos dos partidos, y espero que Iglesias lo entienda, están condenados a entenderse, ver programas, contemplar el futuro y hacer, entre ambos, un camino en el que el bien de la res pública esté por encima.

…Y si no, pobre de nosotros y nosotras.

Rastros de ciudadanía

Por otra parte, hablando de meta-preferencias, el congreso de Podemos ha dejado un rastro pestilente que, por desgracia, seguramente imite el del PSOE: El deseo de que gane el peor para que el partido propio salga beneficiado.

El carnet de ciudadano es bastante más caro que la camiseta de la selección. Tras este vergonzoso encuentro entre la picaresca y el sinsentido, más de dos han demostrado que, por mucho que hayan nacido aquí, no tienen más ciudadanía que la de su pellejo.

No tiene sentido desearle el mal a alguien que se va a sentar en el Congreso a legislar para todo el país, todos los países, o como quieran llamar a este sitio tan extraño que se llama España y que, queriéndolo o no, nos pertenece. Al contrario, desear que cualquier escaño lo ocupe alguien desalmado es hacerse trampas al solitario, ser imbécil. Sigo sin entender cómo puede alguien decir eso de “yo si votara, votaría al más tonto”. Sigo sin entender qué pasa en el Partido Popular, que su democracia interna sigue siendo tan tímida, tan retraída… Tan invisible.