Consultas y a lo loco

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Foto Europa Press

Hace unos años el PSOE planteaba en su Conferencia Política la necesidad de reformar la Constitución. Era el 2012, y la política aún se desarrollaba bajo la lógica del bipartidismo en el que ningún cambio era posible si uno de los dos grandes partidos no hablaba de ellos. Normalmente solía ser el PSOE el que lo hacía, y así fue con esa idea de reformar la Constitución española de 1978. Esa reforma era importante entonces, pero cada día que pasa se hace más necesaria, porque es importante relegitimar el pacto de convivencia de la ciudadanía en un sentido u otro, y esto se entendió tan bien que no sólo Podemos y Ciudadanos forman parte del mismo espacio reivindicativo en este asunto, sino que incluso el Partido Popular ha admitido que quizá pueda ser el momento de abrir el debate.

En las elecciones del 20D Alberto Garzón, por entonces candidato a la presidencia por Izquierda Unida, hoy número 5º al Congreso por Madrid en Unidos Podemos, hablaba de algo que nos podía sonar muy bonito, pero que desgraciadamente carecía de pies y cabeza. Era un mantra, en cada mitin, en cada reunión, había un fantasma que recorría la campaña electoral de Izquierda Unida: el proyecto constituyente. Ese mismo discurso es el que estos días empuña con fuerza el candidato de En Comú Podem Xavier Domènech el cual parece más cercano al discurso del núcleo irradiador errejonista, que al carácter flemático de Iglesias Turrión. Aunque si hablamos de cercanía y pertenencias, recomiendo echar un ojo al análisis que la asesora Patrycia Centeno hace en su cuenta de Twitter sobre una foto protagonizada por una Ada Colau posesiva que aleja a Domènech de Errejón. Lo que une Catalunya no lo separa los sectores aliados laterales.

Se hace imperativo hablar de qué es esto del proceso constituyente para decir bien alto que es, y permitidme citar de nuevo a Errejón, un significante vacío.

Que un proceso constitucional sea constituyente o no, no depende de la cantidad de materias que se reformen o la entidad de los preceptos que cambie, sino del poder con el que ese proceso se inicia. ¿Cuándo hay poder constituyente y cuando el poder es constituido? Fácil. Es constituyente cuando crea por la vía del hecho una constitución nueva sin base jurídica previa, y constituido cuando las reformas se hacen sobre la base jurídica del propio texto constitucional que se pretende reformar. ¿Pasar a ser una república sería el producto de un proceso constituyente como dicen Domènech o Garzón? No, porque nuestra Constitución, a diferencia de otras, permite su total transformación sin que ésta deje de ser la Constitución española de 1978. Tampoco hablaríamos de proceso constituyente reconociendo la plurinacionalidad y el derecho a decidir.

Xavier Domènech es todo un personaje que con seguridad acabará representando un peligro para la hegemonía interna de Pablo Manuel Iglesias en Podemos y para el proyecto Unidos Podemos a medio o largo plazo, porque existe una razón para que tanto en Euskadi como en Catalunya Podemos (o En Comú) ocupen previsiones de resultados tan altas, y es que son percibidos por el electorado independentista como un instrumento más útil que ERC, CUP o DiL para alcanzar la independencia a través de un referéndum. Esa es una hipoteca que no sé cómo podrá gestionar el mando central de Podemos, para el que el derecho a decidir no es en principio una línea roja, aunque En Comú Podem no investirá un gobierno que no lo apoye.

Quién sabe en qué quedará aquel beso en el hemiciclo del Congreso, llevados por la pasión de la soberanía nacional residente en la Cámara. Me debato entre una lacrimógena ruptura, u otra escena que sintetizo en el final de un clásico, Pablo Manuel Iglesias en el papel de Jack Lemmon prácticamente secuestrado en el barco de un Domènech hecho Jack E. Brown. Entonces, buscando la excusa perfecta, Iglesias exclama “No me comprendes. ¡Soy un patriota español!” Pero ya sabéis, nadie es perfecto.