Yo es que creo que usted es tonto

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@FernandoCamacho, politólogo.
@FernandoCamacho, experto en postureo.

A veces pienso que debería hacer como Albert Camus y pensar que todo el mundo está gobernado por alguna voluntad externa (cuando no por el mismo dios o la idea de dios) y, por ende, dedicarme a decirle a todo el mundo que viven encerrados, esclavizados, subrogados, etc, etc… Decirle a todo el mundo que, en realidad, es tonto, como ya ha hecho alguno que yo me sé, pero no tengo esa vanidad y, claro, si hay que señalar a alguien que sea tonto, seguramente yo sería uno de los primeros apuntados.

Camus en “El hombre rebelde” dice que todos estamos dominados por algo. Él habla de que Dios (o la idea de Dios que nos ha dado la Iglesia y sus siglos de influencia) nos domina y nos ha dado una idea de bien, pero esa idea de bien no tiene por qué ser buena y, desde luego, en cuanto que es impuesta, no es más que opresora. Que yo lo pienso y digo: ¿Puede una idea poseer a una persona hasta tal punto o, por el contrario, el hecho de que la propia idea exista es en sí muestra y prueba de la existencia del ente? Ah… El existencialismo, qué de preguntas tiene para tan pocas respuestas.

Eso me ha llevado a pensar más de una vez que debería comentar todo lo que veo buscando la destrucción de aquel (o aquella) que ha puesto cualquier cosa. Lo que sucede es que eso, a su vez, crearía un conflicto que no tengo ganas de afrontar. ¿Será la pereza el móvil de este crimen que es no decir lo que se piensa? También me ha llevado a pensar que la falta de sinceridad muchas veces ha salvado el planeta tierra. Imagínense que Felipe II le hubiera dicho la verdad a Isabel I de Inglaterra, déjenme ponerlo en grados: “Es usted un bicho, señora mía”; “No me caso con usted porque me parece vuesa merced bastante fea”; “no me caso con usted porque la Princesa de Francia, por una cosa o por la otra, me tiene enamorao”; “creo que a España le conviene más la alianza con Francia, mire usted”. Imagínense el tío que se hubiera plantado, con sus huevos toreros, en Londres para decirle fea a  toda una Her Majesty Elisabeth I de Inglaterra: “Mire, Su Majestad, yo estoy de acuerdo con usted en que la Reina Isabel I de Inglaterra no es (digamos) lo más bonito que hayamos visto nunca, pero es que si voy allí y lo digo me van a colgar por la punta de Castilla.” A lo que el monarca hubiera respondido: “Pues no haberte metido a diplomático, que tienes tú también unas ideas…”

¿Por qué no investir (que no embestir) a Rajoy? (y perdonen este cambio vertiginoso) Esa es la pregunta de hoy en día.

La política en general tiene mucho de esto (y también mucho de aquello). Imagínense que dijeran exactamente la verdad a la hora de decir sí o no a la investidura (que no a la embestidura). “No le voy a votar porque creo que usted es tonto”. “No voy a hacerle caso a mi partido porque, señor Rajoy, estoy enamorado de usted en secreto”. “Voy a decir que no, señor Rajoy, porque estoy enamorado de usted en secreto, pero necesito olvidarle”.

Imagínense que dicen la verdad. Tal y como están las sensibilidades, hubiéramos tenido un escándalo en twitter y, por lo menos, por lo menos, un 45 % de participación en las siguientes elecciones. Que los españoles y españolas somos mucho de pedir a los políticos que digan la verdad y sean sinceros, ya lo saben ustedes. Y nosotros, como pueblo, somos tan sinceros que si nos preguntaran si preferimos votar o quedarnos en casa tranquilamente, el día de las elecciones tendríamos un cincuenta por ciento de participación.

Y no digas: “Yo es que creo que usted es tonto. Tonto como no se puede ser más tonto.”, que, encima, se enfadará el personal por la sinceridad de uno.

No es ni será nunca una tontería votar al PP, además, no tengo yo porqué meterme en la casa de nadie: A mi lo que me molesta es que la corrupción sea la primera preocupación según el CIS y a la hora de hablar, España calle. Me parece que es de ser muy tiernecito que Rajoy sea el Presidente peor valorado de la historia y, cuando hay que votar, no se demuestre. Votar al PP es legítimo y, desde luego, respetable; pero que haya una marabunta de odio e insultos a Rajoy y, a la hora de la verdad, no seamos para echarle, puede deberse a tres cosas: O este país no dice la verdad o somos idiotas. Y la última y, seguramente, la más dolorosa: Todo esto no es más que indiferencia.