Criollos y charnegos

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Hay que partir de la base de que cada ser humano debe tener el derecho de expresar sus opiniones, aun cuando esas opiniones vayan en contra de lo que piense la mayoría de la colectividad. Y al reconocer ese derecho a cada uno de los seres humanos, habría que insistir en que a TODOS los seres humanos se les debe respetar ese derecho. También se debe respetar el derecho a opinar de la mayoría por la minoría. Y es lo que no se está haciendo precisamente en Cataluña: la minoría, los famosos promotores de los lazos amarillos, no respetan el derecho de los demás a que no se pongan esos trozos de plástico en los sitios que son comunes, es decir, costeados por todos los ciudadanos. Es más, si una persona tiene derecho a colocar un lazo amarillo, otra persona tienen el mismo derecho a quitarlo, es simplemente de Perogrullo. Es incomprensible que por parte de las autoridades catalanas se trate de sancionar, como si fuera un delito, quitar un lazo de plástico, y no se sancione el acto de ponerlo, siendo mucho más grave ya que, posiblemente, esas autoridades estén cometiendo un delito de prevaricación: se adopta una resolución injusta a sabiendas de que es injusta. Debería actuar la fiscalía pidiendo la inhabilitación.

No es cuestión de comentar lo que, en nuestro entorno cultural, ha significado siempre el color amarillo. El más benévolo de esos significados se asocia con precaución. Las otras acepciones, mejor obviarlas para no ofender sensibilidades. Por cierto, que eso de ir llenando todo de plástico es poco ecológico y pudiera ser un delito contra el medio ambiente.

Antes de continuar, sería conveniente hacer un breve repaso a la historia, a la historia auténtica, no a la que pretenden algunos iluminados diciendo que el Imperio Romano era catalán y otras simplezas que causan hilaridad:

La Marca Hispánica es creada por los franceses, como línea defensiva para su país, ante el avance del Islam. Se establece en el Ebro y en ella que deja lo que sobra a los gabachos para que traten de frenar la expansión musulmana: carnaza para los alfaques de los islamistas. ¿En eso se basan los puristas catalanes para decir que tienen otro genoma distinto al resto de los españoles? Pobre argumento, además de ofensivo para ellos mismos.

Wilfredo el Velloso, nombre de origen godo dicho sea de paso, es recompensado, por el rey Carlos el Calvo, con el Condado de Barcelona, unos territorios que no le interesaban al emperador, por sus servicios al Imperio Carolingio. La historia de la bandera de las barras marcadas con su sangre, no es más que una leyenda, fábula, fantasía o ficción, sin fundamento alguno. Y por supuesto, nunca tuvo ideas nacionalistas catalanas, ni siquiera por asomo, el susodicho Wilfredo. A la caída del Imperio Carolingio, Aragón se anexiona el condado de Wilfredo. Nunca ha existido un reino propio de Cataluña. Cataluña siempre ha pertenecido o bien al Rosellón francés, durante una buena parte de la Edad Media, o al Reino de Aragón. Mientras Cataluña estaba en la Edad Media, otros territorios españoles destacaban por la medicina, la historia, la música, la astronomía… pero eso sería para todo un libro que, posiblemente, sacaría los colores, históricamente, a más de uno.

Algo que siempre ha caracterizado a la burguesía catalana ha sido su sagacidad, casi mejor decir sus hábitos maquiavélicos. En la Guerra de Sucesión de 1714, el primer Borbón, Felipe IV, como concesión a la lealtad de la nobleza catalana establece el Decreto de Nueva Planta, y la creación del Tribunal de Contrataciones, organismo regulador del comercio con América radicado por aquellas fechas en Cádiz. La burguesía catalana “recoge” así el esfuerzo de andaluces y extremeños sobre todo, en el descubrimiento y colonización de América, sin que por parte catalana se aportara absolutamente nada. Es la primera traición borbónica a España de la que se tiene constancia.

Algunos años más tarde, en 1936, nuevamente la burguesía catalana da muestras de ser “lista” y apoya el levantamiento ilegal del General Franco que se rebela contra la II República. Esta traición mejor no comentarla, si alguien tiene interés en lo concerniente a Cataluña, puede profundizar en la biografía de Juan March, judío catalán fundador de la Banca March.

En la industrialización de Cataluña por el dictador Franco (Seat, Industria Telar, Autopistas cuando en el resto de España no había…), no merece la pena entrar por ser de sobra conocido cómo el dictador empobreció al resto de España, consiguiendo lo que podríamos llamar Desertización Industrial, para crear el “edén” industrial catalán. La industria del lino de Galicia fue aniquilada y la del algodón de Andalucía corrió la misma suerte. Ese fue el comienzo de la leyenda de industriosos para unos y vagos para otros. Baste recordar los recibimientos barceloneses al último dictador de nuestra historia.

Luego, ya en democracia, vinieron, a título de ejemplo, la restauración con dinero del Estado del ardido Liceo, donde la burguesía catalana disfrutaba de acontecimientos culturales vetados al resto de España. Siguieron la “remodelación” del Aeropuerto de Barcelona, también con dinero de todos los españoles, para convertirlo en uno de los mejores de Europa, la llegada del Ave a Cataluña, las Olimpiadas pagadas por el Estado, la nueva red de autopistas de las que se apropió la Generalitat cobrando un canon a los usuarios…

Especial atención merece la siguiente frase, sacada del libro La inmigración, problema y esperanza de Cataluña, escrito por Jordi Pujol (Editorial Nova Terra, Barcelona 1974): “El hombre andaluz no es un hombre coherente. Es un hombre anárquico. Es un hombre destruido. Es, generalmente, un hombre poco hecho, un hombre que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido un poco amplio de comunidad. De entrada, constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España. Ya lo he dicho antes. Es un hombre destruido y anárquico. Si por la fuerza del número llegase a dominar sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña”. Sobra cualquier comentario sobre el ideario del otrora molt Honorable.

Deberían reflexionar sobre su postura los independentistas que presumen de posiciones de izquierda. Cuando no se tiene conciencia, ni ideas, que es lo que les pasa a estos “pacíficos, demócratas y respetuosos” independentistas, no hay otra alternativa que decirles: “no sois más que solicitantes de aspirantes a aprendices de nacionalistas, vuestro ejemplo está en Hitler, Mussolini y Franco. Y encima tenéis el cinismo y la desvergüenza de llamar golpistas a los que no están de acuerdo con vuestros postulados. Los golpistas sois vosotros, los separatistas, que no respetáis la ley. Nosotros, los españoles, a los separatistas, la mayoría para vergüenza ajena descendientes de andaluces y extremeños, os podríamos llamar criollos. Los de los cuatro apellidos catalanes os desprecian por charnegos”.

Caben dos opciones ante el problema separatista:

La aplicación hasta sus últimas consecuencias del Art. 155 y si es preciso la disolución de la Autonomía Catalana y de todas sus instituciones. A los progresistas, entre los que se encuentra el que escribe estas líneas, hay que recordarles la solución que aplicó la II República a la declaración de Independencia de Cataluña, o diálogo, pero de verdad, no sentarse en la mesa para fijar la fecha de referéndums independentistas, sino para dar una nueva estructura al Estado y convertirlo en una República Federal (el que suscribe estas líneas está totalmente por esta opción), en el que se tenga respeto a todos los pueblos de España por igual, sin privilegios para ninguno. Y este diálogo se debe establecer en el marco que corresponde: en el del conjunto de la nación española, y fomentar un amplio, muy amplio, debate.

Y a los violentos separatistas, que ni son pacíficos ni demócratas, sino fascistas del más rancio estilo como lo demuestran a cada momento, que se les aplique la ley.