Cuando Rajoy encontró a Zoido (y le hizo Ministro)

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Juan Ignacio Zoido, Europa Press

El Partido Socialista promueve la reprobación de Sáez de Santamaría. Me resulta, en cierto modo, extraño. Creo que ella y Méndez de Vigo son las únicas personas del Gobierno con capacidad para hacer política. Difícil posición la del PSOE, todos los partidos quieren poner al partido de Sánchez en alguna tesitura. Podemos querrá que elija entre los fallos del Gobierno y las irresponsabilidades de la Generalitat. El PP querrá que elija entre ser un “partido de Estado” o el “radicalismo”. Ambas cosas entre comillas, pues ni el PP es “de Estado”, ni Podemos es “el radicalismo”. Ciudadanos, como casi siempre, a por uvas. Entre tanto, algo se mueve serpenteante, es una pregunta: ¿Cómo ha llegado Zoido a Ministro de Interior?

Cuando Rajoy encontró a Zoido

Su antecesor en Interior es un hombre encomendado a los ángeles, concretamente, al ángel Marcelo, se llama Fernández Díaz. El condecorar con la Medalla al Mérito Policial a Nuestra Señora María Santísima del Amor da buena fe de la categoría política del individuo. El 4 de noviembre de 2016, se produce una renovación del Gobierno. Al catolicismo de Fernández Díaz le sustituye el enterismo de Zoido.

Zoido venía de ganar las elecciones a la Alcaldía de Sevilla. Si bien las ganó, el Partido Socialista pactó con la marca de Podemos y con Izquierda Unida. Con el ya clásico sollozo del PP andaluz, ese de dejar gobernar a la lista más votada, Zoido se iba a la oposición. Allí está pocos meses, perdida su Alcaldía, Mariano Rajoy hace de padrino y le coloca en las listas al Congreso por Sevilla. Eran las elecciones de 2015.

Mi pregunta al respecto es, ¿No es un poco raro este Gobierno en el que Zoido coloca a todos sus hombres fuertes de Andalucía en el Ministerio, mientras Cospedal lleva la cartera de Defensa? Y, ¿no es un poco raro el currículo de Zoido al respecto? Delegado del Gobierno durante dos años en Castilla la Mancha, entre 2.000 y 2.002, con Aznar en Moncloa. Luego, Delegado del Gobierno en Andalucía, hasta 2.004. Lo de Andalucía puede entenderse, pero, ¿lo de Castilla la Mancha?

La política es un juego extraño

Si hubo alguien que defendió a un Mariano Rajoy que había perdido contra Zapatero dos veces, fue el PP andaluz. Y, ¿Cómo no generar cierta empatía? Si Rajoy perdió dos veces, Arenas perdía autonómicas como se pierden gotas de agua. Ni Zoido, ni Rajoy, ni Arenas son políticos de carisma, Rajoy seguramente el que menos. Que convenzan a alguien por medio de argumentos inteligentes, discursos conmovedores, acciones encantadoras, resulta propio de una ensoñación. Es de suponer que en los tres casos, hay algo más.

La política es un juego extraño en el que uno tiene que devolver los favores. A priori, ¿Es Cospedal lo mejor que el Partido Popular puede ofrecer al Ministerio de Defensa? No, ni mucho menos, sin embargo, ella, junto a Arenas, Zoido y el etcétera, fueron la resistencia contra las voces que pedían que alguien tan profundamente incompetente no siguiera al frente del Partido Popular.

Todo se paga, el despliegue policial ha sido desastroso; el diálogo, inexistente; la coordinación, onírica. El principal problema de deber favores es que puede llevar a posiciones importantes a personas sin capacidad para ejercerlas. Este caso, el de Zoido y su equipo de andaluces patrióticos llevando de una forma tan deplorable todo este asunto catalán, es un buen ejemplo.

El resto de partidos debe aprender de esto

El resto de partidos deben aprender de esta experiencia. El que corre más riesgos es el PSOE. Al formar las ejecutivas, deben de contar con cuantas más agrupaciones mejor. Esto lleva a ejecutivas mastodónticas con secretarías sin relevancia. La política es un juego extraño y, cuando gobiernan los favores antes que los méritos, se acaban pagando. Pueden pagarse cuando llegan las elecciones y se pierde, ese es el mal menor. Si todo fuera así, sólo lo pagaría una sección de un partido determinado. Lo malo es que se paguen gobernando, cuando venga un gran problema y el que tenga que solucionarlo sea un inepto. Entonces, la que paga es la ciudadanía.