¿Cuánto debe durar el “duelo” según los expertos?

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Andalucía al Día, quirón salud
Dr Ildenfonso Muñoz Quirón Salud Gibraltar

El 2 de noviembre se celebra en muchos lugares del mundo el tradicional día de los muertos o día de los difuntos, en según qué países o religiones las costumbres son distintas.

La tradición en España, parte de la confesión católica y consiste en visitar los cementerios y rezar por el alma de los difuntos, acicalando las tumbas y honrando a los muertos con ofrendas florales, en Francia también es tradición decorar con flores las tumbas y en Centro América por ejemplo se construyen altares con los alimentos preferidos del difunto y adornos florales, en general en casi todas las culturas se realiza un culto a los difuntos.

Sobre la manera de recordar al difunto, según indica Ildefonso Muñoz, psicólogo de Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar “esta depende de la persona, sus creencias, su cultura y las circunstancias, siendo todas respetables, siempre y cuando no suponga una manifestación de síntomas patológicos, es decir, excesivo dolor a la hora de recordar a la persona fallecida, interferencia en la vida normal desde el punto de vista personal, familiar, o laboral, excesiva ansiedad o miedo, pensamientos muy frecuentes (u obsesivos) sobre el fallecido o todo lo contrario, rechazo a todo lo que tuviera que ver con la persona fallecida”.

Según el experto, el duelo por el fallecimiento de un ser querido es un proceso adaptativo normal que manifiestan todas las personas por la pérdida de un ser querido, “el dolor que experimentamos en el duelo es debido, entre otros factores, a que cuando imaginamos el futuro, esa persona no está presente y nos provoca dolor, tristeza, incertidumbre y miedo”.

Aunque el dolor, las tristezas y las emociones varían en intensidad y duración dependiendo de la persona y de las circunstancias, continúa Muñoz, “ se tiene estimado que el proceso de duelo tiene una duración entre 6 meses y un año, y una vez pasado este tiempo se puede empezar a hablar de duelo patológico, si los síntomas asociados al duelo se siguen manifestando con gran intensidad, aunque esto solo es una variable muy relativa, ya que un duelo puede ser patológico durante los seis meses considerados “normales” tras el fallecimiento” afirma el especialista.

Así, manifiesta Ildefonso Muñoz, “el criterio que suelo utilizar en consulta es parecido al que utilizan los médicos con la fiebre, la fiebre es una reacción adaptativa del organismo a una infección y es positiva porque nos ayuda a luchar y combatir a los virus y bacterias, pero si la fiebre es muy alta o dura demasiado hay que tratarla. Con el duelo y los síntomas que la persona manifiesta ocurre lo mismo, el dolor y la tristeza nos ayudan a sobreponernos a la pérdida, pero si estos síntomas son muy intensos o duran demasiado en el tiempo nos indica que podemos estar ante un duelo patológico”.

Según indica el experto el duelo se compone de cinco fases que, aunque desde el punto de vista emocional se diferencian entre sí, muchas veces se encuentran mezcladas y se puede pasar de unas a otras y luego volver atrás:

  1. La primera fase es la NEGACIÓN del suceso, es pensar “esto no ha ocurrido, esto no me puede estar pasando”.
  2. Después nos encontramos con la fase de NEGOCIACIÓN, donde la persona intenta “volver atrás la situación irreversible” y empieza a pensar lo que podría haber hecho y no hizo o lo que piensa que hizo mal.
  3. La fase de IRA empieza cuando la persona asimila la situación como definitiva y considera que la situación “no es justa” y se siete frustrado/a por la pérdida.
  4. La DEPRESIÓN/ TRISTEZA (no es lo mismo que el Trastorno Depresivo) la persona entra en una fase de tristeza y letargo emocional.
  5. La ACEPTACIÓN es la última fase, la persona “acepta” la situación, aprende a vivir sin la persona querida y supera el duelo. Reestructura su vida con un futuro sin la persona fallecida. En esta fase se considera que la persona ha superado el duelo, aunque es lógico que se recuerde con pena y dolor, aunque ya no es tan intenso ni incapacitante como antes.

Cómo comunicárselo a los niños

Capítulo especial debemos de dedicar a los niños, explica Muñoz, pues, aunque experimentan las mismas fases que los adultos, la manifestación de esas emociones puede variar e incluso estar camufladas por otros síntomas, como problemas para dormir, problemas de atención, rebeldía, pesadillas y sentimientos de culpa (a veces pueden pensar “ha sido por culpa mía”), aunque todo depende de la edad del niño y de las circunstancias familiares.

El especialista aclara que “los menores de 8 ò 9 años tienen problemas para entender la “irreversibilidad” del fallecimiento, es decir, ellos no terminan de entender que la persona fallecida no va a volver nunca más, por el sentido de inmediatez del tiempo que ellos tienen. Los mayores de 9 años ya empiezan a comprender que la muerte es “para siempre” y el dolor o la tristeza suele ser mayor”.

Sea cual sea la edad el psicólogo aconseja “para que el menor pase el proceso de duelo de una manera correcta es importante mantenernos calmados, hablarles (acorde a su edad y sin detalles desagradables o traumáticos sobre el suceso) de lo que ha pasado y que nos pregunten con total confianza sobre lo que quieran o necesiten saber, que aunque normalmente no suelen hacerlo en el momento lo pueden hacer en los días siguientes.

En caso de tratarse de un familiar que convivía con el menor hablar con normalidad sobre él/ella y tener alguna foto/recuerdo para que pueda recordarlo (no hay que “negar” que el familiar vivió con ellos), aunque esto no hay que confundirlo con “construirle un altar” al familiar en casa. A veces es necesario realizar un pequeño “ritual” de despedida si el menor lo desea (llevar flores, una visita a algún lugar “especial” para la familia o incluso acudir al cementerio o donde estén las cenizas).

En caso de considerar, que los síntomas tras el fallecimiento del ser querido son o muy intensos o muy duraderos e influyen considerablemente en la vida de la persona, lo mejor es consultar con un psicólogo especialista y ponerse en sus manos para evaluar la gravedad del problema y tratarlo, concluye Ildefonso Muñoz.