Cuatro ‘héroes’ alados cruzan cada año el Estrecho

El vencejo nunca se posa y duerme en el aire; el halcón abejero recorre 5.000 kms sin alimentarse; la pardela llega a Suráfrica y Brasil para luego volver.

102
Pardela cenicienta. Foto de José Antonio Lapeña Sarrias
Pardela cenicienta. Foto de José Antonio Lapeña Sarrias

Cuatro especies de aves de las más de 300 que cada año cruzan el Estrecho realizan acciones asombrosas en la escala humana. Dos veces al año, los cielos del parque natural del Estrecho se convierten en el gran espectáculo europeo de la fauna alada. Millones de aves llegan a Europa desde África para la reproducción y cría al empezar la primavera, y a final de verano regresar.

En estas migraciones se incluyen cuatro especies con características heroicas, dada la magnitud del esfuerzo.

El Halcón Abejero (Pernis apivorus) es una planeadora, un ave forestal de migración transahariana. El paso sobre el Estrecho es multitudinario (más de 60.000 individuos). Nidifica en bosques de Europa occidental y pasa el invierno en las selvas tropicales de Africa occidental. Es un especialista en el consumo de himenópteros (sobre todo abejas y avispas), lo cual ya es insólito en una rapaz. Para ello presenta adaptaciones especiales (dedos gruesos para excavar en el suelo en busca de panales; párpados y paladar engrosados, plumaje muy denso para soportar las picaduras). Realiza la migración entre las zonas de cría en Europa y las de invernada en Africa (entre 3.500 y 5.000 km) sin alimentarse durante el viaje.

La Pardela Cenicienta (Calonectris diomedea) es un ave marina pelágica, y el ave marina migradora más abundante en paso por el estrecho (más de 550.000 individuos). Vive en alta mar y sólo toca tierra para criar, nidificando en islotes del Mediterráneo. Después de la reproducción sale del Mediterráneo y migra por el Atlántico alcanzando el sur de Africa con un extraño rodeo por las costas de Sudamérica para aprovechar los vientos, en un circuito que puede sumar más de 15.000 km. Se trata de una especie muy longeva y se conocen casos de pardelas con más de 50 años de edad que han podido volar más de un millón de kilómetros a lo largo de su vida (equivalente a un viaje de ida y vuelta a la luna).

Vuela a ras de agua, tiene un gran tamaño (la envergadura alcanza los 1,2 m), y se alimenta de peces, cefalópodos y crustáceos, que pesca en vuelo. Las pardelas se conocen en Málaga como “Ánimas” o “Diablos”, quizás por sus sobrecogedores y lastimeros sonidos. Un comportamiento muy típico es la formación de “balsas de pardelas”, que son agrupaciones flotantes de pardelas posadas en el agua.

El Correlimos Gordo (Calidris canutus) es un ave limícola migradora transecuatorial. Esta especie de 100-200 gramos de peso, nidifica en las zonas de tundra del norte de Siberia y pasa el invierno en las costas atlánticas africanas, llegando a alcanzar las costas de Sudáfrica a más de 15.000 km de distancia. Recala en humedales costeros del estrecho de Gibraltar durante su migración. Es un migrador de “grandes saltos”, intercalando vuelos de varios días de duración (unos 2.000 km en 4 días sin parar de volar), con periodos de reposo y alimentación. Volador de altura, en sus vuelos puede subir por encima de los 4.000 metros de altitud y en ocasiones por encima de los 6.000 metros.

El Vencejo (Apus ssp). Esta pequeño migrador cría en Europa occidental y vive en invierno en las selvas tropicales africanas. Pasa su vida en el aire: solo se posa durante la época de reproducción para la incubación de los huevos y la ceba de los pollos; el resto del tiempo se encuentra volando y pasa más de 10 meses sin posarse en el suelo, duerme en el aire. Debido a que sus patas son sumamente cortas y sus alas tan largas que si caen el suelo normalmente son incapaces de levantar el vuelo.

Se encuentran en todo tipo de hábitats, desde la tundra al desierto. Come insectos voladores de pequeño tamaño: mosquitos, moscas, chinches, polillas, escarabajos y hormigas. Se distingue de golondrinas y aviones porque vuelan más alto.

El tercer Congreso Internacional sobre Migración de Aves y Cambio Global tendrá como sede Tarifa

Tarifa será la sede del tercer Congreso Internacional de Aves y Cambio Global, que organiza la Fundación Migres en el Centro Internacional de Migración de Aves (CIMA), sus flamantes instalaciones ubicadas en Punta Camorro (parque natural del Estrecho). El encuentro acogerá entre el 3 y el 5 de septiembre a participantes de todo el mundo, que disfrutarán de talleres, ponencias magistrales, y avistamientos, pues en esas fechas miles de ejemplares de numerosas especies de aves cruzan el cielo de Tarifa en dirección a África.

La cita tiene como fecha tope de inscripción el 20 de agosto.

El congreso supone una referencia para la comunidad científica internacional tras sus ediciones en 2007 y 2010, debido al nivel de los ponentes y a celebrarse in situ en uno de los puntos calientes de biodiversidad: el Estrecho de Gibraltar. Ambos factores contribuyen a que las investigaciones expuestas sean fundamentales para entender el mayor problema ambiental del planeta –el cambio climático- a partir de una referencia tan rigurosa como es el de las migraciones de aves entre los dos continentes.

La Fundación Migres, que preside Miguel Ferrer y dirige la bióloga Lola Cano, lleva organizando el conteo migratorio de aves en el Estrecho desde hace dos decenios. Los datos que ha ido sumando con el trabajo de científicos y voluntarios, resultan hoy imprescindibles para entender si hay cambios o incluso amenazas para uno de los grandes espectáculos de la naturaleza en el planeta.

El CIMA representa la mejor infraestructura para la ciencia que ofrece el parque natural del Estrecho de Gibraltar. Los edificios del complejo sirvieron en su día para una batería artillera de vigilancia militar, y hoy se han reconvertido en una dotación para acoger los periodos de investigación de expertos de todo el mundo, que hacen de este enclave natural un punto de encuentro para la ciencia.

Una de las grandes ventajas del Centro Internacional de Migración de Aves es que se encuentra en Punta Camorro, es decir, en el observatorio más cercano a África de toda Europa. En ese balcón a los dos mares se ubica, asimismo, un centro expositivo sobre las migraciones en el Estrecho, con personal y dotación para las visitas escolares.