Cultura: De la falta de pacto ante un paseo vienés

Un pacto para que la cultura sea una marca preponderante en España es absolutamente necesario.

940
Monumento a Cervantes en la Plaza de las Cortes, Madrid. Foto de Fernando Camacho

Ya vieron que fui a ver a un amigo a Viena el fin de semana pasado. Me llevo la sensación de que en Viena se nos quiere: El domingo Plácido Domingo dirigía Romeo y Julieta, la sacrosanta Ópera de Viena estaba repleta de gente loca por escuchar lo que había preparado un tipo de Madrid.

Un par de kilómetros más allá, el Burgtheatre se erige con el neorenacentismo imperial que domina toda la avenida. En su friso central, tres bustos, Goethe presidiéndolos, lógicamente. En su flanco izquierdo según se mira, otros tres bustos: Moliére, Shakespeare y… Calderón.

Los grandes artistas, son universales.

Viena tiene un gusto exquisito para reconocer no sólo los méritos propios, también los ajenos. En la Universidad, hay un monumento a las grandes figuras que han salido de sus aulas y, según entras, se recuerda a los Premios Nobeles que han dado aquellas paredes. Al mismo tiempo, estatuas de sabios universales decoran las cornisas de los edificios dedicados al saber: No falta el recuerdo a Aristóteles o Arquímedes.

No respiré vergüenza en reconocer que otros han sido mejores, sino ganas de aprender. De hecho, en la puerta del Parlamento, enorme, como si fuera la guardiana de aquellas puertas, una gigantesca estatua de Palas Atenea, diosa helena de la sabiduría.

De vuelta a Madrid, Plácido Domingo, hombre por el que mucha gente ha sabido de la ópera, no tiene calle aún por aquí. Tendrá que morirse, como Sabina, para que se le honre. A Serrat le pasará lo mismo para que le pongan una estatua mirando al Mediterráneo.

Calderón tiene una estatua en la Plaza de Santa Ana de Madrid, en frente del Teatro Español, cuya puerta guarda un marmóreo Federico García Lorca.

En frente de nuestro Congreso, ninguna estatua guarda la entrada, pero a unos cien metros, la estatua a Cervantes marca el sitio donde la Policía pone las vallas para que nadie se pase de listo. En vez de la diosa de la sabiduría, dos leones; si hubieran sido tres, la metáfora sería con cancerbero, perro gigante y tricéfalo de las puertas del averno.

Tenemos, entre toda la ciudadanía, que pedir al Congreso que la Cultura sea símbolo inequívoco de nuestro país, parte de nuestra marca. Tenemos que pedirles orgullo, apuestas, seriedad y celebraciones, muchas celebraciones del talento que tenemos vivo.

Sugiero, pues no es correcto quejarse sin dar ideas, que el Congreso (por aquello de que representan a toda la ciudadanía), haga suyos los Premios Nacionales y homenajee anualmente a las personas galardonadas con jornadas, días con su nombre en su lugar de nacimiento, exhibiciones, conciertos, obras de teatro con precios rebajados… Qué sé yo… El caso es celebrar que existen y que, por casualidades de la vida, nacieron en España.