De cómo los elefantes blancos quieren seguir mandando en la manada

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Debe ser cosa de la edad, del paso del tiempo, tal vez de los inicios de algún tipo de demencia o tontura senil o sencillamente de la estupidez de esos elefante blancos, antiguos líderes hoy en desuso y desterrados a las cálidas playas de un inmerecido descanso, sopitas y sol tomado en la cubierta del yate, discretamente acompañados.

Estos mastodontes de la política no se quieren enterar, a pesar de mantener clara la mente y diáfanas las ideas según se desprende de sus “extertóreas” manifestaciones. Cada vez que se trata de decidir los caminos que tomar para los intereses globales de la sociedad, salen a la palestra opiniones extemporáneas, fuera de tono y en línea con los intereses de los “mercados”. ¡Curiosa coincidencia!

Cuando, hace algunos años los derechos laborales fueron aniquilados y convertido en un erial el mundo del trabajo, donde pescaron a manos llenas, a costa de los trabajadores, pequeños empresarios y autónomos, los grandes empresarios y la banca, las momias de los antiguos faraones de la política mantuvieron su boca sellada: ni una sola palabra exigiendo el respeto a los derechos laborales que tantos años, esfuerzos, sudores y sufrimientos supusieron a los trabajadores.

En cuanto surge la ocasión, estos elefantes blancos, pisoteando el pasto de la pradera social, braman a los cuatro vientos las “virtudes” de lo privado. La “insostenibilidad” del sistema de pensiones es uno de los blancos favoritos de estos mastodontes con piel arrugada y endurecida, aparentemente blindada a todo ataque. Y también la “virtudes” del sistema privado de sanidad, o las “excelencias” de la educación privada, o las “ventajas” de la gestión privada de los servicios públicos (aberrante contradicción en sí misma que son incapaces de justificar estos rugosos mastodontes).

Lo triste del caso es cómo, con efecto multiplicador, recogen estas opiniones en sus altavoces los voceros del sistema (entiéndase plumillas a sueldo de los famosos “mercados”). Estos mercenarios, en el más estricto sentido del término, nunca dedican ni una línea, ni el mínimo esfuerzo, será por seguir manteniendo la holgada nómina, en cuestionar la conveniencia de esas perversas opiniones.

Surge una pregunta al hilo de algunas opiniones, repetitivas hasta el hastío, de estas blancas vacas sagradas: ¿No dicen estos jubilados honoríficos que los trabajadores deben jubilarse a los 70 años? Pues sencillamente que se apliquen su propia medicina, que prediquen con el ejemplo, que se vayan a casa y dejen de decir sandeces e impertinencias, curiosamente siempre en contra de los intereses de la mayoría de la población, es decir de la ciudadanía. Aunque, también lo entendemos, tal vez es que de alguna forma, puede que sean subvencionados por los “mercados” para expresar estas opiniones interesadas.

De cualquier manera harían un gran favor los plumillas en no hacer ni puñetero caso a la verborrea barata, disciplente e interesada de estos mastodontes. Al menos a los que tenemos otra opinión no conseguirán callarnos: amenazamos con seguir diciendo lo que pensamos, por mucho que pese a los “elefantes blancos”.

PD: Viene a cuento toda la perorata anterior para que dejen en paz y respeten sus criterios, a los que hemos elegido los ciudadanos para el gobierno de este país.