Podemos y PSOE: De faroles y parapetos

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Es raro, en realidad, no hay nada sobre lo que escribir, lo cual me obliga a escribir sobre la nada política en que vivimos, lo único interesante que sucede está entre despachos y teléfonos móviles. Lo único comentable son las formas de tal y de cual, pero dentro de esto, lo más interesante son las cosas de Podemos y las cosas del PSOE, que bien podrían estar cantando en estos momentos “ay, son las cosas de la vida, son las cosas del querer”.

Los del PSOE dicen que se sienten insultados, que merecen respeto, todo eso es cierto, todo el mundo merece respeto, lo dice la Constitución a la que apela el PP para que les dejen gobernar cuatro años más; al otro lado los de Podemos han propuesto un Gobierno que dejaría al PSOE, más o menos, el Ministerio de Parques y Jardines y el de Asuntos Ventanales.

Cierto es que PSOE y Podemos están condenados a entenderse, pero, como bien dicen algunos militantes del partido de Sánchez, es mejor pactar políticas que pactar gobiernos. A veces se nos olvida que el Gobierno gobierna, pero no legisla salvo con decretos que, si no hay fraude de ley, tienen una capacidad muy reducida. Por ello es más conveniente que PSOE y Podemos pacten por una reforma de las dos últimas reformas laborales, una política a seguir respecto a la Unión Europea, un pacto de educación, por la violencia de género, por la Ley Electoral… Se nos lleva diciendo mucho tiempo que no podemos vivir sin Gobierno, pero eso es falso, lo que no podemos es vivir sin leyes, y leyes sí pueden hacerse. Un Gobierno que nos gobierne sólo es necesario hasta que nos gobernemos bien a nosotros mismos, es decir, no hay mayor estabilidad política que comportarse cívicamente con el resto de la sociedad, que en palabras llanas viene a significar que no anden fastidiando al prójimo.

Rajoy, en la otra punta de la galaxia, dice que no se presenta a la investidura porque, total, ¿para qué? Si por algo podemos alabar a Rajoy es por sus razonamientos lógicos, si bien los españoles son muy españoles, llegar al Congreso para que te digan no también es perder el tiempo. Lo que sucede es que si ya sabe que le van a decir que no, lo que no sabemos nadie es por qué sigue ahí, arañando cada mínima posibilidad, anclado en el sillón del Gobierno en funciones y de Génova, teniendo en contra casi bajo juramento a izquierda y nacionalismos. Detrás de todo esto, el PSOE ha respondido al nuevo farol de Podemos con el parapeto de Rajoy, si Sánchez obtuviera el Gobierno, al final de todo esto, sería bajo la abstención o el voto a favor de los nacionalistas, o sea, veneno; o bajo el auspicio de Ciudadanos, que si bien no es veneno, es un brebaje con muy serias contraindicaciones, ya saben que vivimos en la etapa de los eufemismos.

Y así nos quedan muchos días, demasiados, sin que pase nada, salvo que unos lancen faroles y otros se refugien en parapetos.