De Iglesias y Errejón

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Errejón en el Congreso. Europa Press.

Veo el tema de Podemos desde una barrera prudencial, siguiendo la evolución de estas primarias que aún no han empezado, si es que se puede llamar así a este proceso. A un lado, Iglesias, un tipo duro; al otro, Errejón, una de las cabezas más privilegiadas del Congreso de los Diputados.

Podemos puede convertirse en un partido necesario, del mismo modo que sería necesario que Ciudadanos se haga verdaderamente liberal y deje lo que hasta ahora ha sido el quiero y no puedo del parlamentarismo. Es necesario que a la izquierda del PSOE, más allá de la socialdemocracia, exista algo, una especie de contrapeso.

En esas, hay dos vocaciones. Veo a Iglesias como un marxista-leninista antiguo con un lenguaje renovado, sin más; en cambio, Errejón es el verdadero ideólogo populista, la figura que marca que el discurso de Podemos ha de ser transversal y no marxista. Es ahí donde Errejón plantea que para ganar han de volver al discurso de “somos los de abajo contra los de arriba”.

Una vez en el Congreso es donde se hacen mayores las diferencias. Existe en el PSOE una pregunta retórica: ¿Qué hubiera pasado si Íñigo Errejón hubiera estado al frente? ¿Hubiese habido pacto? Quién sabe, lo que sí es cierto es que Errejón apuesta por una institucionalidad que Iglesias rechaza.

Hemos visto en el Congreso a un Podemos que se ha ido difuminando. Lamentablemente, parece que hasta ahora no han sabido estar. No creo que se deba decir que Podemos no ha tenido sentido de Estado, pero sí es cierto que ya tienen oportunidades para cambiar la realidad y, sin embargo, sus actuaciones parlamentarias siguen siendo escasas. No hablo de formas o simbolismos, entiendo (supongo, aunque desde luego no comparto) las afrentas que Iglesias acostumbra a lanzar al PSOE o las riñas con Ciudadanos que Rajoy mira alegre, como si estuviera contemplando una pelea de gallos; hablo de que entiendo que a Podemos hay que pedirle hacer una oposición constructiva.

En ese sentido, en el del parlamentarismo como herramienta y no como fin, entiendo lo que dice Errejón. No obstante, la militancia de gente que ha pensado igual que Iglesias ha tenido una repercusión valiosísima para nuestro país; de la posmodernidad de Errejón no puedo sino dudar.

La duda en política es, casi siempre, lo más responsable.

Desde la lejanía, si pudiera dar un consejo respetuoso, sin condescendencia, pensando en la soñada República, lo que pediría a Podemos es lo mismo que le pido a cualquiera que ocupe un escaño: Hacer una mescolanza. Seguir siendo “sólo” activistas es no asumir las responsabilidades y el honor que el asiento, tan denostado, se merece; olvidar el activismo, en el sentido más amplio de la palabra, sería el paso previo a la corrupción, al tejemaneje.

En definitiva, lo que le pido a cualquiera que se siente en el Congreso es que trabaje y mucho allí dentro, mientras piensa en lo que pasa allá afuera. Eso pasa por abandonar, entre otras cosas, lenguajes agresivos que no tienen más finalidad que la simpatía popular del tweet y el post en facebook, y que quitarían a cualquiera las ganas de negociar una ley mejor, entre otras muchas cosas.