Death Note: no vean la película, no pierdan el tiempo

Como diría Mariano Rajoy: Todo mal, salvo alguna cosa.

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Death Note. Netflix

Lo avisamos, todo pintaba en bastos y, efectivamente, así es: Death Note, la película de Netflix, es un despropósito. Como diría Rajoy, todo está mal, salvo alguna cosa. Shea Whigham, por ejemplo, en el papel que otrora se llamó Soichiro Yagami, hace un papel serio. Para recordar otra cosa buena dentro de la producción hay que hacer memoria.

Light Turner tiene abismales diferencias con Light Yagami. La fundamental es que no es el tipo malvado y brillante que es capaz de sortear diez mil millones de cosas para seguir haciendo de las suyas. En este caso, es un carajote que le cuenta a una chavala que acaba de conocer que tiene el Death Note a su disposición. “Me llamo Mía”, y el otro responde: “Lo sé… Tengo el Death Note”, algo así.

Esta indisposición gastroanterítica de Light descompone el estómago de la película. Light es imbécil, por lo que la tensión de los otros formatos desaparece ante un L que sí mantiene (sólo faltaba) ciertas cosas, aunque, como diremos más adelante, también deja mucho que desear. No hay nada que contar. Por si fuera poco, la interpretación de Nat Wolff también es anodina.

Los personajes secundarios de Death Note en Netflix, otro disparate

Si Light es el protagonista, L es su némesis. L es ese detective de la escuela de Sherlock Holmes, tan carismático como el que más. En este caso, la deducción que le hace intuir quién es Kira parece caerle como del cielo. El fallo del guión es constante, en esta película la trama no es creíble. Si la interpretación pánfila de Wolff evita que alguien se crea que lo que hace es posible, la del L que interpreta Keith Stanfield es intranquila. El personaje parece precipitado, un tipo así no caza a un Kira ni en sueños. Lo único que salva esta circunstancia es que, como digo, si en otras versiones Light y L son brillantes, aquí ambos resultan mediocres, por más que la dirección (también mediocre) trate de crear lo contrario.

Del mismo modo, Ryuk no es un sátiro, es un personaje de Willem Dafoe. Dicho de otra forma: Es un ser pedante que se limita a reírse de lo que sucede a su alrededor. En esta versión de Death Note, le falta profundidad para ser un personaje que merezca la pena. En cuanto a la Misa de la película, no podemos decir que exista como tal, existe Mia Sutton (la chavala a la que Light cuenta que tienen el Deathnote). Mia Sutton (Margaret Qualley) es un personaje psicótico que (quizás porque se ajusta más a lo occidental) es más soportable que la insoportable Misa Amane.

La dirección, un esperpento

Es muy, muy complicado adaptar una serie manga a treinta y siete capítulos de anime. Imagínense hacer lo propio en una hora y cuarenta minutos. El resultado no es bueno, la trama es inconexa y los matices se han diluido. Alguien debería haberle dicho a Adam Wingard que hay una máxima infalible: El silencio es mejor que una mala versión.