Demasiado ego para ser tan amateur

Uno de los temas pendientes que tengo por aquí desde hace tiempo es el de los músicos amateurs que no se han enterado de que aún no han conseguido un mojón.

948

Lo voy a decir una vez y no me apetece repetirlo: somos un huevo intentando hacer música y poquísimos llegaremos a dedicarnos a ella. Así que por lo menos, se ha de tener humildad y esfuerzo. Y conocimiento, porque es bestial el desconocimiento musical que tienen algunos. Ponerse a bucear en Internet y eso no es tan dificil vamos. Porque el talento, sobra por todos lados hoy en día.

Por ejemplo, me viene a la cabeza una chica que es vocalista en un grupo relativamente avanzado. De los que tienen suficiente escenario a cuestas, pero sin pasarse. Pues resulta que se cree la nueva Janis Joplin o algo, y a pesar de cantar bien en su estilo no vale para mucho más y ni escribe sus propias canciones. Y de tocar gratis nada, que lo bueno se paga. Aunque sea por el cumpleaños de un compañero de otro grupo o por improvisar y echar el rato. Que casualidad, es la pareja del miembro más veterano del grupo.

Recuerdo también un caso de un grupo que tocó en un parque de por aquí. Son muy buenos la verdad, los tenía en alta estima. Hasta que no sé porque al cantante/guitarra (y líder del grupo) se le ocurre la maravillosa idea de pedirle al público que si quieren un bis, tienen que arrodillarse. Eramos medio centenar mínimo y van los palurdos y empiezan a hincar rodilla. Yo ni me inmuto, me quedo de pie con una litro en la mano mientras uno de mis amigos me echa la mano al hombro y me dice que haga caso. No lo hago y el chaval hasta me clava la mirada. Debería haber saltado sobre el escenario y haberle partido la guitarra en la cabeza, nunca he visto tanta arrogancia en un concierto. Ni el chulo de Axl Rose seria tan vanidoso como para pedir algo asi (y al menos él se lo habría ganado para muchos). Chaval, si te piden un bis es que les has gustado. ¿Qué más necesitas? Tócalo con toda tu alma so imbécil. Tiene problemas de autoestima o algo, fijo.

Otro caso, esta vez con un chaval, fue el que me hizo entender más de una cosa. Este chaval, una mezcla de Adrien Brody y Gollum, llevaba ya un tiempo en el panorama musical cuando yo metí mis pies. Medio nos conocíamos por los grupos y las amistades. Actualmente hace lo más mercenario que se puede hacer en la música, después de haber reclutado a lo mejor de nuestra generación para no sé qué: está tocando los Beatles por ahí con una banda tributo de puretas, sacando pasta. Take it easy and get some money, todo el mundo sabe tocar/cantar el Hey Jude o el Come Togheter. Hablamos del típico tío estúpido que se ríe de cualquier cosa que vea que hace mejor que tú.

Pero el bombazo fue lo que me soltó un dia: estaba por entonces enrollado con una chica (tambien vocalista y esta es una máquina para todo la verdad, por las calles del centro la pillaréis algún día con dos ovarios haciendo acústico) y acabé en su local de ensayo, que por entonces compartía con este chaval y su grupo de entonces. Estaban hasta arriba de hierba y tenían una PS2 puesta para echar el rato. Ya a los 5 minutos de entrar me suelta un “me mola tu rollo tío”, lo que me descuadra porque un rockero de verdad no le da importancia ni a su aspecto ni al de los demás. Pero después lo remató del todo, no me olvidaré nunca del intercambio de palabras que tuve con él en medio del humo de ese local:

-(Él) Hay que ver los que éramos unos marginados en el instituto…como nos hartamos de follar ahora, ¿eh?

-(Yo) Tío, yo no fui un marginado en mi instituto…

Fin de la conversación. Y esa es la pieza que me faltaba en toda esa historia. Ese chaval se estaba vengando, a su manera, con 20 años de lo que pasó con 12. Lo que me parece bien, pero es una mezcla muy volátil. Rompió su esfera social inmediata, y se metió en otra. Y se convirtió en la persona que nunca fue en la primera. La “pequeña fama”, que es ese reconocimiento social que obtienes de tus vecinos, le quedó grande. En parte lo entiendo, pero también me apena por la música en sí. Porque con esa forma de pensar, tocar para ser, no se hace buena música. Se toca (o canta) por no poder evitar hacerlo, por haberle cogido el gusto a la magia del ruido bien conducido. Si no luego si triunfas, te conviertes en un puto Bieber pegando a chiquillos de 14 años mientras te olvidas de que son los que han pagado la limusina desde la que sacas el puño.

Me viene a la mente eso de “mientras todo da igual…” de Héroes. Porque si la música te ha hechizado de verdad, en el escenario solo estáis ella y tú.