Democracia antibolivariana

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Andalucía al Día, José Campanario
José Campanario, Escritor

Parece que hay muchos personajes que no entienden, o no quieren entender, el significado de la palabra DEMOCRACIA. Etimológicamente deriva de dos vocablos griegos demos y cracia que unidos vienen a significar gobierno del pueblo. Hasta aquí nada nuevo, pero algunos, por sus comportamientos y manifestaciones, quieren hacer ver a los ciudadanos que no es cierto.

Otro tema es la democracia formal, la aparente democracia, es decir la que tenemos en los países “democráticos” y que básicamente consiste en que cada cierto tiempo echamos un papelito, o dos, en una urna. En ese papel aparecen los nombres de personas en un orden establecido por una minoría, de acuerdo con los criterios fijados por la élite de esa minoría, y conforme al orden establecido en esa papeleta, saldrán elegidos los que han puesto una minoría que no ha sido elegida ni refrendada por la ciudadanía. Son las reglas “democráticas” del juego que nos ha impuesto la clase política, autoproclamada garante de las libertades. Esta es la realidad de nuestra sociedad: si lo quieres lo tomas y si no te aguantas. Ajo y agua como se dice coloquialmente entre amigos.

Bueno, pues a raíz del triunfo de la derecha en Venezuela, machaconamente recordado a diario, se ha desatado toda una serie de movimientos orquestados por la derecha internacional. El mensaje es claro: sólo cuando gana la derecha la democracia es auténtica y lícita. Lo asombroso es que en el furgón de cola de este tren turístico de la democracia derechona, viaje algún que otro partido históricamente de izquierdas. Y lo que produce sonrojo a muchos ciudadanos es que un personaje que ha significado mucho en este país (España) se ponga en evidencia, rozando lo caricaturesco, apoyando a gente que ha intentado golpes de estado, que han manipulado informaciones, que han almacenado alimentos básicos especulando con el hambre de las personas, que, en definitiva, han usado medios y dineros para fines propios rozando la ilicitud (no es lo mismo lícito que legal). “Poderoso caballero…” que diría don Francisco de Quevedo.

Insistimos en el tema por la gravedad subliminal del mensaje: se quiere hacer entender que sólo hay democracia cuando gana la derecha o cuando se produce “alternancia” en el poder. Dos pinceladas para clarificar la cuestión: la derecha, tradicionalmente, y mucho más en Hispano América, tan sólo ha gobernando para las minorías oligárquicas y cuando no ha podido hacerlo, ha organizado golpes de estado contra la democracia (Chile, Panamá, Argentina, Perú, etc.). Cuando la derecha toma el poder su obsesión principal y casi monotemática es la “reconquista” de los derechos perdidos por los poderes fácticos: se retrocede en derechos laborales, se esfuman derechos sociales, se recortan servicios públicos, se privatizan empresas públicas, etc. Y aquí, en nuestro país, por desgracia tenemos el ejemplo muy reciente; es más todavía están en el poder esos señores de la derecha que se resisten con todas sus fuerzas a abandonar la nave, su nave.

Duele y ofende a la inteligencia de los ciudadanos, que un partido de izquierdas, al menos así se define, esté en las trincheras de la derecha defendiendo posiciones que no le corresponde, por mucho que se empeñe el santón. Y más grave aún: que sea por hacer daño al adversario político que está recogiendo los desengaños de los votantes y simpatizantes antaño cercanos a la izquierda histórica.