Describen los hábitos alimentarios de mujeres con fibromialgia

Los investigadores han confirmado que las pacientes presentan una alimentación similar al resto de la población, aunque controlan más su dieta y evitan ciertos alimentos.

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Investigadores del departamento de Enfermería, Fisioterapia y Medicina de la Universidad de Almería y el Hospital Torrecárdenas han demostrado que las pacientes con fibromialgia siguen una dieta variada similar a la de personas sanas, pero evitan ciertos alimentos con mayor frecuencia, en su intento por eliminar los síntomas de la enfermedad. A pesar de este patrón en el que apartan alimentos calóricos, los resultados del estudio apuntan que las enfermas tienen un mayor índice de masa corporal y mayor probabilidad de sobrepeso.

La fibromialgia es una enfermedad crónica de origen desconocido caracterizada por dolor muscular y óseo. Estos pacientes sufren con mayor frecuencia desórdenes alimentarios, obesidad, problemas metabólicos, como diabetes o hipertensión, y algunos síntomas gastrointestinales. En el artículo ‘Patterns of food avoidance and eating behavior in women with fibromyalgia’ publicado en la revista Endocrinología, Diabetes y Nutrición los investigadores almerienses han descrito los hábitos dietéticos y las conductas de evitación alimentaria en pacientes con fibromialgia comparándolos con los datos de población sana.

Los resultados apuntan a unas cifras superiores en el índice de masa corporal y una mayor probabilidad de sobrepeso y obesidad en el grupo con fibromialgia. “La fluctuación del peso, el consumo de productos de herboristería y la realización de dietas en las que se eliminan ciertos alimentos son más frecuentes en enfermos que en la muestra sana. Entre los que evitan, hemos confirmado que los pacientes diagnosticados ingieren menos cereales, frutas, azúcares, alcohol y refrescos”, afirma la investigadora de la Universidad de Almería Mª del Mar López, autora del artículo.

La nutrición como factor de control

Según manifiesta este trabajo, los pacientes intentan llevar una alimentación sana, eliminando productos con alto contenido en azúcares, lácteos, alcohol o cafeína en su lucha por mejorar los síntomas de la enfermedad y su calidad de vida. Los expertos intentan localizar un patrón dietético que pudiera relacionarse con el desarrollo y sintomatología de la fibromialgia y, aunque diferentes estudios han señalado la nutrición como factor relevante en el control de esta dolencia, no hay conclusiones determinantes que la asocien a un grupo de alimentos concreto.

La muestra total de este estudio estuvo compuesta por 120 mujeres con edades entre los 40 y los 65 años a las que se ha evaluado su perfil sociodemográfico, sus hábitos alimenticios, la frecuencia de consumo de alimentos y las restricciones o suplementos que han incluido en su dieta. De ellas, la mitad estaba diagnosticada con la enfermedad.

En el grupo con fibromialgia, la mayoría de mujeres hacía dieta. Además, un 87% utilizaba productos de herboristería y un 26,6% consumía suplementos nutricionales, sobre todo multivitamínicos genéricos. Aún así, los resultados incluyen que las pacientes valoran de forma baja la eficacia de estos productos en relación a la mejora de la enfermedad. Las restricciones de algunos productos en la alimentación tampoco está asociada a una mejora en la calidad de vida de las pacientes, como podría ser el caso de la sustitución de la leche por la soja. Por otro lado, los investigadores han observado que los enfermos que presentan sobrepeso y obesidad son los que menos lácteos y dulces consumen.

El estudio, financiado por el plan propio de la Universidad de Almería y en colaboración con el Complejo Hospitalario Torrecárdenas, contribuye a profundizar en algunos elementos subjetivos que pueden rodear a esta patología como la eliminación del gluten, la fruta o los lácteos de la dieta, y permiten descartar cómo ciertas conductas nutricionales no favorecen la eliminación de los síntomas asociados a la fibromialgia. “Es necesario descubrir nuevas dianas terapéuticas que conduzcan a un conocimiento más detallado de la enfermedad y a la disminución de sus síntomas. Quienes la sufren se enfrentan a una realidad incierta ya que, por el momento, no existen respuestas válidas y fiables”, concluye la investigadora.