Despacito es lamentable, por más que lo diga un Grammy

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Luis Fonsi recoge su Grammy. Europa press

Despacito ha triunfado en los Grammy Latinos, paradójicamente, en una lección sobre literatura. El pleonasmo es la figura de la redundancia, véase: La blanca nieve. En este caso, es el pop el que premia al pop, como no puede ser de otra manera. Por más que lo diga el auto-proclamado premio más importante de la música latina, Despacito es una canción lamentable. El arte está lejos de la industria. De vez en cuando, cómo no, coinciden de la misma forma que un reloj parado acierta dos veces al día. Bruno Mars, por ejemplo, es un ejemplo pop del buen hacer. Antes de realizar susodicha canción, es de entender que Luis Fonsi, al menos, intentaba ser él mismo y no un producto. Luego, claro está, podrá gustarte más o menos (en mi caso, menos), pero al menos intentaba mostrar algún tipo de sensibilidad.

Despacito es lamentable

Despacito es una afrenta al buen gusto. Nadie niega que sea una afrenta popular al buen gusto, pero afrenta, al fin y al cabo. El hecho de ser fácil de bailar no es, ni mucho menos, un motivo válido para acreditar su calidad. El hecho de que es bailable significa, sencillamente, que se puede bailar. Del mismo modo pueden bailarse Highway to Hell, El lago de los cisnes o Kiss. En los tres casos se necesitan las mismas cosas para la danza: Un cuerpo que baile y un oído que escuche.

En cuanto a los matices que pueda aportar esta canción (o, como diría el sector hortera, “este temita”), no existe tal cosa. Tras una reflexión reciente, llegaba a la conclusión de que el hecho de que todo el reggeatón tenga las mismas armonías no es un crítica válida. Todos los estilos desde los 50 siguen los mismos patrones. Por ejemplo, el rock y el blues serían criticables por el uso de la escala pentatónica. En cualquier caso, siempre hay matices, hay aportes, exquisiteces que hacen de cinco notas un arte. La salvajada de ACDC; la destrucción de Nirvana; las letras de Calle 13. Despacito, al contrario, está a años luz de aportar un matiz, algo positivo que nos haga pensar que es una canción diferente.

Finalmente, en cuanto a la letra, tampoco hay nada que añadir. Una letra sobre ¿un amor?, sobre una ¿pasión? como otra cualquiera. Nada que no hayamos oído en cada letra de Caribe Mix desde hace años. Luis Fonsi quiere ser tal cosa y tal otra. “Tu ritmo”, por ejemplo. Y también quiere “acariciar tu cuerpo”. Bueno, pues muy bien.

¿Hay que hacer algo nuevo para que lo producido esté bien?

No. La respuesta es no. Para que esté bien hay que hacer algo que no sea mediocre. Despacito es una canción tan mediocre como lo puede ser cualquiera de su género. Está claro que los Grammy tienen que premiar de alguna forma al género que los hace populares, si bien es algo que desacredita artísticamente a los Grammy, con no prestarles atención, nos vale. Aceptamos la premisa, pero la canción a premiar era otra.

Los nominados eran (atención al percal): Melendi, por “desde que estamos juntos” (la canción de Melendi que todos conocemos, pero con arreglos cubanos). Ricardo Arjona por ella (Arjona ha intentado -otra vez- hacer una canción que se parezca a las de Sabina). Ricky Martin por vente pa cá (otra canción de Ricky Martin, sin más). Shakira, por chantaje (Shakira que sigue su senda decadente después de haber hecho no pocas canciones muy buenas). Maluma, por Felices los 4. Y es aquí a donde vamos.

En mi habitual crítica al género, hago una excepción. Si bien Shakira habla de su independencia (cosa que es de celebrar), Maluma hace una canción que rompe con la estética del reggeatón habitual. Además, la canción de Shakira es imposible de escuchar, mientras que Felices los 4 es más amena (sobre todo su versión salsa). No obstante, su punto fuerte es la patada al amor romántico. Frases como “Tranquila, yo no creo en contratos (y tú menos)”; “lo nuestro no depende de un pacto”, son el matiz que Despacito está tan lejos de tener. Además, se le suma una de las frases con más gracia del año, una solución ágil a lo que podría ser un problema: “si con otro pasas el rato/ vamos a ser felices los cuatro/ y agrandamos el cuarto“.

Sí, a Maluma le ponen los cuernos. Pero no se preocupen, él también está a sus cosas. Por eso es “vamos a ser felices los 4”, y no “los 3”. Dejamos la versión salsa, uno de los pocos aciertos que ha tenido aquella industria: