Dos Constanzas, dos miradas, dos direcciones

Este año hemos podido ver en escena a Constanza de Ovando interpretada de dos formas distintas por Crismar López e Irene Ruiz.

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La Constanza de Irene Ruiz en las Cervantas junto a su madre Andrea (Gracia Olayo). Foto oficial

Una de las mejores cosas de este año ha sido que hemos celebrado a Cervantes. Que parece cosa de locos el hecho de que no lo hagamos a menudo, pero se han debido de juntar las constelaciones, las galaxias, las elecciones o los gobiernos y, fíjense, aquí estamos. En esta celebración, dos obras han pasado por los teatros dejando un rastro de emoción que es gustoso recordar: Cervantes en el parnaso y Las cervantas.

En estas visiones de Cervantes o de su entorno aparece un personaje muy seductor de la biografía del escritor: Su sobrina Constanza de Ovando, hija natural de Andrea de Cervantes, hermana mayor de Miguel. El personaje nace en Córdoba de una relación fugaz (llamémoslo así) de Andrea de Cervantes con el gentilhombre Nicolás de Ovando, que consecuentemente da a la señora Cervantes una ingente cantidad de dinero que permite a ella y su hija vivir más o menos bien por un tiempo. Aquí los caminos se bifurcan.

Crismar López caracterizada como Constanza de Ovando en Cervantes en el Parnaso. Oficial.
Crismar López caracterizada como Constanza de Ovando en Cervantes en el Parnaso. Oficial.

Carlos Jiménez propone en Cervantes en el parnaso (arte-factor) a una Constanza alegre en el momento en que su tío está esperando la visita de un librero. Encarnada por Crismar López, se ríe de su condición y habla de la vida que llevó su madre con un divertido sarcasmo, refiriéndose a ella como una mujer que ha sabido pasárselo mejor que muchos hombres y, además, vivir bien de ello, hablando del término “barragana” como algo positivo.

A su vez, Inma Chacón y José Ramón Fernández plantean en Las cervantas (DD&COMPANY y EscénaTE) a una Constanza de la cual no tengo por qué decir que es distinta, sencillamente, vive otro momento. Ahora la vida barragana de su madre es puesta en cuestión no por ella, sino por la sociedad en la que vive. Un caballero es dado por muerto en la casa de al lado, así que las Cervantas (por su condición de mujeres) se ven en la condición de acusadas por quiénes viven cerca.

Constanza (Irene Ruiz) es aquí una joven que por poco pasa la adolescencia y ejerce su juventud hasta que se ve en la tesitura planteada por la obra, momento en el que la situación la obliga a ser una mujer preocupada por cómo salir adelante.

Haber podido ver a un personaje desde dos puntos de vista, en dos momentos diversos y con dos grandes actrices distintas encarnándolos ha sido sin duda una de esas cosas por las que ha sido un gusto ir al teatro este año. ¡Ojalá hagan gira!