Dos visiones de un cuadro

En una fiesta, una persona me dio una visión absolutamente distinta de un cuadro de Hopper.

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Foto Youtube

En la fiesta de cumpleaños de Rubén se juntó una marabunta ecléptica de gente. Todo muy español, que diría él, parecía aquello el Congreso. Un ambiente muy de Suárez. Consenso. Plenilunio. Ya saben. Me presentan a tal y a cual, toda gente muy interesante, el hecho de que no me acuerde del nombre de muchos es del todo un fallo mío.

A todo esto, “te leo en Andalucía al Día”, esa frase siempre me conquista, como a casi toda la gente que escribe los halagos me parecen maná.

Hablamos mucho, era buena gente, la fiesta era una fiesta que podría haber sido como cualquier otra sino fuera porque Rubén es uno de esos tipos elegantes con mundo recorrido, demócrata y esas cosas. Gente agradable, buena música, copazos, vino para el que quisiera, un fiestón de los que sólo Rubén podría montar.

La fiesta era lo que tiene que ser una fiesta, una mezcla de lascivia y concupiscencia. Estéril, pueril y sin ortografía.

Esta persona me habla de arte, de danza, teatro, la virgen, yo me lo pasaba bien, me vengo arriba con esos temas por la cosa de la vanidad, que unas veces tengo poca y otras veces podría tirarla como se tiran unos hielos después de terminar de beber.

“Mi cuadro favorito es Nighthawks, de Hopper”, le digo, “no lo conozco”, saco el móvil, “este, mira… Me inspira una soledad y una tristeza inigualable, con este cuadro supongo que me digo que aunque me sienta solo siempre hay un tipo que está igual que yo bebiendo cerveza en alguna parte”, lo mira y dice: “¿y por qué está triste? no se le ve la cara, qué sé yo, ¿y si simplemente está disfrutando de su cerveza?”

Al lado del hombre que bebe solo una pareja parece que ha ido junta, ¿quién dice que ella está feliz de estar allí por el simple hecho de estar acompañada?, esta persona señala el detalle.

La fiesta se convierte en un diálogo entre el cuadro y yo. Ir al teatro solo me sigue horrorizando. Pienso en el tipo del cuadro siempre que miro a la persona que se bebe una cerveza conmigo porque sigo sin entenderlo. El arte siempre tuvo una insalubre cara b.

Leo, más tarde, sobre el cuadro el camarero no puede salir de la barra, el bar no tiene puerta. Nadie puede salir de allí.